• retazo15

    Soy un súbdito de mis deseos, ¿qué puedo hacer? Esta mañana me han despertado varios deseos, arremolinados a mi alrededor, exigiendo que me levantase de la cama donde he perdido varias horas haciendo algo tan improductivo como dormir. Que el mundo es para los que lo conquistan, que las oportunidades se esfuman para desaparecer por siempre jamás. He metido la cabeza debajo de la almohada.

    Han empezado a estirar la manga de mi dormilón.

    –Que no me levanto.

    Con voces serias, responsables me han explicado las bondades de hacer caso a mis deseos, que son lo que siempre he querido.

    –Lo que quiero es dormir.

    Pero, aun así, me he sentado en el borde de la cama. Les he repetido algo que dije hace diez años:

    –En cinco minutos.

    Nada, no ha servido de nada. Me han hecho ir al cuarto de estar que habían transformado en el cuartel general de las nuevas decisiones de mi vida. Grandes pantallas, grandes mapas que me llevarán a la Victoria.

    Pues nada, pues bueno, parece que hoy tendré que hacer grandes cosas bajo la supervisión atenta de mis amos.

  • retazo14

    Vuela cayendo por el cielo como un cometa, dorando el azul con el sol impactando en su fuselaje. En el firmamento escribe su vida con piruetas que siguen su destino, visitando los astros que nacen en el horizonte, sin marcarse ningún rumbo salvo aquel que sigue en las corrientes del alma del cosmos.

    Centellea al traspasar un agujero negro y cruzar su horizonte de sucesos, deflactando su materia en estados de energía, emitiendo un arcobaleno en todas las frecuencias del espectro de sus deseos. Se expanden sus ondas hasta calmarse en las playas que surgen de un valle, sentado bajo un sol de invierno que navega en un mar de nadie.

  • retazo13

    Construir muros entorno a nosotros mismos para, luego, justificar todos los crímenes cometidos dentro de esos muros. Ladrillo a ladrillo, construyendo nuestra propia persona, nuestro reducto de tranquilidad en el que lo santo se transforma en nuestra alma.

    Volcanes escondidos dentro de huevos de Pascua, que, sorpresa, estallan cuando se agrieta ligeramente la cáscara. Personas normales, con comportamientos sanos y normales, con vidas adecuadas y normales, con deseos aceptados y normales, cuya normalidad es, simplemente, una ligera capa de barniz que tienen alrededor suyo, teniendo dentro la locura y depravación, la maldad y suciedad, lo anti humano que es tan humano como lo otro, teniendo todo eso que condenan y tratan de evitar que muestre otro.

    Santones y profetas a tiempo completo que lo único que buscan es transformar su sufrimiento en una culpabilidad ubicua que todo lo sane, cuando, dentro de ellos, el mismo demonio que dicen combatir les marca lo que tienen que hacer.

    ¿Acaso no soy yo uno de ellos?

  • retazo12

    Mi corazón está incendiado por palabras que vienen después del movimiento de tus labios, con mi corazón en llamas por las llamas que salen de tus manos cuando señalas un residuo de salvación.

    Mi corazón en llamas está en llamas; mi corazón, en un incendio que me impide subir al ascensor. Tengo que utilizar las escaleras que me llevarán, a rastras, arriba, para luego, llevarme abajo.

    Las alarmas anti incendio se pondrán en marcha cuando pase a su lado, inundando con su agua mi deseo en tu cuerpo. En una canoa, recorreré los pasillos de esos grandes almacenes que son ahora los canales que vertebran nuestra patria.

    Mi corazón está en llamas, flamígero en los aires, buscando tu pecho donde reposar.