Etiqueta: tontolitos

  • 11

    Cuando dos unos se encuentran.

    A veces, dos unos se fusionan y aparece un uno.

    A veces, dos unos se añaden y aparece un dos.

    A veces, dos unos se juntan y aparece un once.

    Once, dos unos juntos.

    Dos unos juntos, un uno al lado del otro.

    Al lado en un paseo.

    Y, si ese viaje se alarga, puede ser una expedición de once años.

    Al lado en una mesa.

    Y, si esa comida se alarga, puede salir la camarera y decir: “Tú, come rápido”.

    Dos unos juntos.

    1

    2

    11

    21

    Más.

  • tontolito de amor 52

    Te escribiré un libro de retazos empalagosos, de retazos para tontolitos de amor.

    Y, al menos en uno, sonreirás.

    Serán estupideces, nuestras estupideces, más mías que tuyas. Y nadie más sabrá de qué van todas esas estupideces. Bueno, ni tan siquiera nosotros.

    Publicaré un texto sobre cómo nos conocimos, dónde nos conocimos, y cuándo nos conocimos. Tú dirás unas respuestas, yo diré otras, y todas estarán bien.

    Grabaré un vídeo con nuestro viaje hacia el futuro, paso a paso, año a año. Cada vez habrá más canas, menos pelo, más arrugas. Pero tú me seguirás mirando mientras hago las chorradas de siempre, cada vez más pato, cada vez más oso.

    Y, al menos en una, sonreirás.

    Porque te escribiré un libro de retazos para tontolitos de amor; para los dos tontolitos, juntos, junticos.

  • tontolito de amor 51

    ¡El penúltimo tontolito! ¡El penúltimo!

    Con lo que me ha costado escribir alguno de los anteriores, buscando historias extrañas como mis otros textos, pero no tan extrañas como para espantarte. ¡Y que fueran de amor! De amor extraño, pero de amor. Historias extrañas, pero bonitas, pero con un fondo de amor.

    Y llego al penúltimo y se me quedan fuera unas cuantas. Unas cuantas que no tejerán esta colección de retazos, que no vivirán en estos tontolitos de amor.

    Enciclopedias donde tus verbos saben a fresa, tus adjetivos a caramelo, y tus preposiciones a vainilla. ¿Y los sustantivos? ¡Ay, los sustantivos! Tus sustantivos me saben a chocolate relleno de frambuesa.

    Pero esa historia no estará aquí.

    Publicidad con la que buzonear nuestro pueblo anunciando: sofás en los que dormitar las películas de sobremesa; comida rápida entregada por repartidores en horda; pintores de uñas que colorean el universo.

    Pero esa historia no estará aquí; esas historias no estarán aquí. Quizá estén en otro libro de retazos, quizá incluso llenen los buzones de nuestro pueblo.

    Quizá.

    O no.

    ¡El penúltimo tontolito! ¡El penúltimo! ¡Y ya ha terminado!

  • tontolito de amor 50

    Escribiré relatos de robots, para robots, para nosotros; los escribiré durante más de un año.

    Y todos empezarán igual, o casi:

    Hubo una vez un roboto que…

    Y todos terminarán igual, o casi.

    Hablarán de máquinas, pero de amor; de máquinas, pero de esos sentimientos que tenemos los robots y que también dicen que tienen algunos humanos.

    Y de aventuras, y de fracasos, y de universos que se expanden para dejarnos más espacio.

    Hablaré de Malvadón de Sigma engañando a bobos; de la Marquesa del Amperio haciendo malabares; y, quizá, también hable un poco del Príncipe Relámpago. Quizá, no es seguro.

    Escribiré relatos de robots, para robots, para nosotros; los escribiré tal como los he escrito durante más de un año.

    Y todos empiezan igual, o casi.

    Y todos terminarán igual, o casi.

    O casi.

    Porque…

    Porque…

    Habrá uno distinto, uno que, siendo nuestras palabras, dirá:

    Así fue como un roboto, en un veintiuno, encontró a la robota de su vida.