Etiqueta: tontolitos

  • tontolito de amor 45

    Tenía un poco de dinero en el bolsillo, mi amor; esa calderilla que te sobra después de ir a por el pan; y me he comprado un Greco.

    Casi.

    Vale, mi vida, no te voy a mentir: Me he comprado una colección de pinturas del Greco, pero en plan tranquilo.

    A ver, tranquilo, pero con emoción, con esa emoción de niño que va atesorando cromos y empieza “éste lo ten”, “éste no lo ten”; tranquilo, salvo que me he comprado todos.

    Decía el encargado de un museo “Oh, la, la, monsieur”, el encargado de otro “Oh, yeah, yeah, gentleman”.

    Y así, con lo que me sobraba de comprar la compañía del pan destinado a los restaurantes menos selectos, me he agenciado toda una colección de pinturas.

    Otra.

    En fin.

    ¿Para qué te cuento toda esta historia, mi amor? Pues porque creo que me he equivocado. Sí, lo reconozco.

    Otra vez.

    Ya.

    Que ya me pasó con Dalí. Me dijiste que pillase un recuerdo de nuestra visita a Cadaqués y terminé con un par de rascacielos donde colgar obras gelatinosas.

    Eso fue una mini equivocación chiquitina, una equivocación en los detalles; pero con lo del Greco, con lo del Greco… Pues, vaya, que la he liado.

    Vale.

    La he liado.

    Sí.

    Te prometo que sólo ha sido con las vueltas del pan.

    ¡Qué follón!

    Fliparás con las figuras estiradas como si fueran de plastilina. ¿Y con los santos? ¿Te he hablado de los santos? Madre de dios, parece que son todos bizcos. Y locos. Y con una higiene que vete a saber si es a propósito para matar de asco a las pulgas.

    ¡Los santos! ¿Es que ya nadie respeta nada?

    ¡Que la he liado!

    No hay más.

    Me ha sobrado un poco de calderilla tras comprar el pan, tras comprar toda la colección del Greco.

    Igual me perdonas si te compro un regalo.

    ¿Quieres un diamante por el que puedas pasear?

  • tontolito de amor 44

    Iré al zoo porque allí viven los osos. Y viven allí porque son los dueños.

    Me recibirá el gran oso Cariñ dándome un gran abrazo de gran oso y me dejará un poco sin aire, un poco cianótico. Me dirá que les encanta que vuelva a casa, que siempre tendré un sitio para mí… y para quien quiera llevar conmigo.

    El entrañable oso Amor me contará que están preparando una serie sobre él, sus hermanos y una osita de la que se ha enamorado. Por supuesto, me haré fan definitivo de él, de la osita y de la serie.

    Oso Herm me explicará otro nuevo potingue para ser aún más herm. Lo logrará combinando el marrón oso, el negro oso y el blanco oso; mezclando la esencia del polo norte, de los valles del Pirineo, de las llanuras infinitas cubiertas de bambú. Le pediré que me guarde unos cuantos botes.

    El cuentista oso Fabul me leerá una de sus historias de robots, una historia de esas que empiezan así:

    Hubo una vez un roboto que, escribiendo sobre osos, escribió sobre sí mismo.

    Y viviré tanto su historia que parecerá que es la mía, que es mi libro, que es mi vida.

    Los osos Apest, Espant y Horror me harán ir a sus despachos. Apest me volverá a hablar de su pasión por los calcetines sudados; Espant por las películas de miedo; y Horror por las películas de miedo sobre calcetines sudados. Que están montando un emporio de la asquer-osidad y si quiero ser su socio.

    Todo me parecerá esplendor-oso.

    Todo me parecerá muy bien, genial, fetén.

    Pero no habré ido por eso.

    Antes de marcharme, antes de volver a mi otra casa, visitaré a los tres hermanos Pat, Past, y Pastel. Sí, esos que regentan una panadería, esos que hacen sus fam-osos lamines. Y me alegrará verlos, y me alegrará comprar unos cuantos kilos.

    Iré al zoo porque allí viven los osos, porque allí viven unos osos que hacen tus lamines favoritos, tus tirabuzones de fresa y chocolate, mi amor-osa amor.

  • tontolito de amor 43

    Te he comprado un diamante para que puedas pasear por él, mi amor.

    Y unas gafas de sol.

    Me dijiste que te gustaban los paseos; a las chicas os encantan los diamantes; no había que pensar mucho.

    Has de tener cuidado porque no los he podido echar. Bueno, no a todos. En una de las laderas del diamante, vive una pequeña comunidad tirolesa. Cantan muy a lo tirolés, bailan muy a lo tirolés, y viajan, como no podría ser de otra manera, en tirolina. No les entiendo cuando hablan, pero parecen simpáticos.

    Además, con las dimensiones que tiene este pedrolo, ya sería raro que te los encontrases.

    Lo que sí encontrarás serán ríos de cobalto con carpas cupertinas, prados de esmeraldas con vacas de cuarzo negro y blanco. Vetas de ámbar y oro para marcar los senderos, montañas coronadas con paladio, titanio y platino.

    Pero no te olvides de las gafas de sol. Por favor, no te olvides. Como buen brillante es muy brillante. Mucho. Un poco quizá demasiado.

    Te he comprado un diamante para que puedas pasear por él, mi amor, para que, como son los diamantes, ya siempre esté contigo.

  • tontolito de amor 42

    Echaré las cartas, leeré los posos, miraré las formas de las nubes.

    Y sí, veré nuestro futuro.

    Seguro que, en vez de las cartas de los profesionales, cojo una baraja española, o de póquer, o, directamente, una de las que utilizaba de pequeño con sus coches futuristas que nunca fueron, o con sus barcos de combate que, desde hace años, están en el astillero del cielo.

    Y, si hay que cambiar una carta por otra, lo haré. Con disimulo para que no se enfade mucho el Destino, para que no diga otra vez que se me nota mucho cuando hago trampas.

    Me beberé el café y, si me acuerdo, leeré los posos. Eso si no me equivoco y uso café soluble. Leeré los posos y, en el fondo de la taza, veré no sólo un instante de nuestro futuro, sino una película. Me montaré una película con sus 24 fotogramas por segundo, con sus efectos especiales, con sus invitados estrella.

    Y, si no hay mucha comedia, haré alguna broma. Alguna broma estúpida para que me eches la bronca por hacer bromas estúpidas. Y la repetiré y me volverás a echar la bronca con una sonrisa mal disimulada.

    Miraré las formas de las nubes y, tras media hora embobado, recordaré que lo estoy haciendo para ver nuestro futuro, que debo centrarme en cosas reales, productivas, provechosas. Y miraré las formas de las nubes y, además de los perros, robots y naves espaciales, nos veré cogidos de la mano saltando de nube en nube, con nuestros cascos, con nuestros paracaídas.

    Y, si te entra el mareo, llevaré una caja de biodramina. Con cafeína o sin cafeína, como tú quieras; con sabor a profiteroles de nata, con sabor a tirabuzones de fresa y chocolate.

    Echaré las cartas, leeré los posos, miraré las formas de las nubes.

    Y sí, te veré a mi lado.