• retazo16

    Todos mis personajes soy yo. Todos. Ya en vida, ya en simulación, todos los personajes somos yo.

    Escribo mis escritos para transformar recuerdos en alambiques de lo irreal; pensar que cada uno de los actos de los humanos que han sido y serán, podrían tener cabida en esta percha llamada yo.

    Para blasfemar, odiar, amar, sentir, vivir, fluir y calmar, para entender, saber, querer y sanar. Para, poco a poco, ser yo.

    La musa que exige sus ofrendas en versos para tranquilizar a su vacío, el diletante que suspira por la musa tranquilizada por sus versos llenando su vacío. Somos yo.

    La mujer de la cicatriz, el hombre del mallo, la mujer rubia, la chica rubia y el chico suicida, todos en eterna derrota, buscando a alguien para abrazarse en la caída. Somos yo.

    La luz que ilumina los objetos que veo, el aire que llena mis pulmones con canciones, las rimas en triadas de mis sentidos en suspiros. Tú, yo, nosotros. Somos yo.

    Tu sonrisa al aguantar mis bromas, desarrolladas más allá de lo que hubiera hecho si no hubiera visto tu sonrisa. Mis bailes asincrónicos en mitad de avenidas, con gente pasando a nuestro lado, con una ligera sonrisa que se vislumbra bajo tu capa de vergüenza. Tú, yo, nosotros. Somos.

  • retazo15

    Soy un súbdito de mis deseos, ¿qué puedo hacer? Esta mañana me han despertado varios deseos, arremolinados a mi alrededor, exigiendo que me levantase de la cama donde he perdido varias horas haciendo algo tan improductivo como dormir. Que el mundo es para los que lo conquistan, que las oportunidades se esfuman para desaparecer por siempre jamás. He metido la cabeza debajo de la almohada.

    Han empezado a estirar la manga de mi dormilón.

    –Que no me levanto.

    Con voces serias, responsables me han explicado las bondades de hacer caso a mis deseos, que son lo que siempre he querido.

    –Lo que quiero es dormir.

    Pero, aun así, me he sentado en el borde de la cama. Les he repetido algo que dije hace diez años:

    –En cinco minutos.

    Nada, no ha servido de nada. Me han hecho ir al cuarto de estar que habían transformado en el cuartel general de las nuevas decisiones de mi vida. Grandes pantallas, grandes mapas que me llevarán a la Victoria.

    Pues nada, pues bueno, parece que hoy tendré que hacer grandes cosas bajo la supervisión atenta de mis amos.

  • retazo14

    Vuela cayendo por el cielo como un cometa, dorando el azul con el sol impactando en su fuselaje. En el firmamento escribe su vida con piruetas que siguen su destino, visitando los astros que nacen en el horizonte, sin marcarse ningún rumbo salvo aquel que sigue en las corrientes del alma del cosmos.

    Centellea al traspasar un agujero negro y cruzar su horizonte de sucesos, deflactando su materia en estados de energía, emitiendo un arcobaleno en todas las frecuencias del espectro de sus deseos. Se expanden sus ondas hasta calmarse en las playas que surgen de un valle, sentado bajo un sol de invierno que navega en un mar de nadie.

  • retazo13

    Construir muros entorno a nosotros mismos para, luego, justificar todos los crímenes cometidos dentro de esos muros. Ladrillo a ladrillo, construyendo nuestra propia persona, nuestro reducto de tranquilidad en el que lo santo se transforma en nuestra alma.

    Volcanes escondidos dentro de huevos de Pascua, que, sorpresa, estallan cuando se agrieta ligeramente la cáscara. Personas normales, con comportamientos sanos y normales, con vidas adecuadas y normales, con deseos aceptados y normales, cuya normalidad es, simplemente, una ligera capa de barniz que tienen alrededor suyo, teniendo dentro la locura y depravación, la maldad y suciedad, lo anti humano que es tan humano como lo otro, teniendo todo eso que condenan y tratan de evitar que muestre otro.

    Santones y profetas a tiempo completo que lo único que buscan es transformar su sufrimiento en una culpabilidad ubicua que todo lo sane, cuando, dentro de ellos, el mismo demonio que dicen combatir les marca lo que tienen que hacer.

    ¿Acaso no soy yo uno de ellos?