• retazo20

    Convertido en un animal, dejando que ese espíritu mueva su cuerpo, observa paso a paso el mundo de los humanos con los deseos escondidos bajo ropajes. Se detiene cuando están a punto de chocar sus sentidos contra lo que realmente está pasando delante de sus pies.

    Olfatea mentiras, ve mentiras, mentiras que esconden las caras y cuerpos de otros cuyos cuerpos son movidos por otros espíritus de animales. Inundando los sentidos para enmascarar las montañas de hielo que se esconden tras las sonrisas, tras los colores de las ropas que flotan, tras las fragancias de un hundimiento.

    Animales en humanos, rodeados por humanos intentando ser humanos arrancándose su condición de animales. Los deseos escondidos entre grandes estructuras de ideas, levantadas por humanos para esconder esos mismos deseos que les han hecho construir grandes estructuras de ideas donde esconderse de ellos mismos.

    Convertido en un animal, se rasca contra un árbol, bosteza. Una hormiga sube por su pierna. Siente lo que tiene que hacer, lo único que tiene que hacer en ese momento y, resuelto, lo hace: Se prepara un bocadillo de lo que sea que coma el animal del espíritu que le mueve.

  • retazo19

    Dos columnas rojizas sustentan una nebulosa azul grisácea de la que salen dos chorros de plasma blanco. De las esculturas que ha hecho y hace, ésta es él.

    Con hebras de protones enlazados en fractales, viste su escultura para protegerse de las incidencias del universo, para estar en armonía con las incidencias que hay en él.

    Su sonrisa irradia la energía de un pulsar que, sirviendo de faro, ilumina un futuro incierto donde se representan columnas rojizas, nebulosas y chorros de plasma en distintas escenas posibles, que se forman ante las galaxias espirales que son sus ojos.

    En cada respiración absorbe el brana del cosmos y, al soltarlo, las constelaciones se mecen sobre las olas en las que reposa el universo, sobre las olas en las que reposa él.

    Su sonrisa, un faro que guía a sus ojos, busca el destino que quiere encontrar en un futuro incierto de distintas escenas posibles, un destino que siempre está marcado por dos estrellas espirales verdes.

  • retazo18

    Los puntos se arremolinan como nieve que cae en torbellino, cayendo, fluyendo, respirando en un punto, un punto de mis ojos cerrados. El resto, oscuridad. Los copos de nieve caen sobre el vórtice que abre una nueva realidad con imágenes estáticas en tres dimensiones agrisadas blanquecinas. Sobre cada una de las realidades, se abre otra que veo a mi alrededor con bosques que recuerdan una realidad aún ni vivida ni creada.

    Se relanzan los copos que sumen en un pequeño vórtice negro en mis ojos cerrados, surgiendo realidades de laboratorios remotos que indican una ciencia, tan distante de los fundamentos sobre la que se asienta la nuestra, que bien pudieran ser estructuras sin sentido alguno tanto en esta realidad como en otra. Las realidades se derriten diluviando en charcos de metal donde nadan los pensamientos que antes atiborraban mi mente, pero que, ahora, en silencio, en despacio, se mezclan en un crisol de momentos no vividos.

    Allí, tan lejos, allí, en el vórtice que se forma en mis ojos cerrados.

  • retazo17

    Agua tan lejana que se vierte en cascadas cayendo al infinito, donde se arrebolan pensamientos de una vida que ha sido envasada en una lata. Nada más. En su pasado, un puerto estelar con personas ahora muertas en el universo, pero vivas en su memoria, pero vivas en su vida. Y esa agua, tan lejana, vertida en cascadas, surca sus ojos mientras su agua se une a ella. Delante, nada. Atrás, nada.

    Mira el vacío de su vida que se extiende ante él y en él. Mira un vacío mientras su mano no vacía dirige algo a su boca, donde el agua no vertida en ese vaso le calma. Un vacío que no lo era antes del puerto estelar, pero creía que estaba allí; un vacío donde aparecen fantasmas y anti fantasmas de su pasado que, tras sentir su compañía un instante, se fusionan en la nada. Fuera, nada. Dentro, nada

    Aparece una estructura de estrellas nebulosas y allí echará el ancla de su nave. Recolectará con su tractor cuántico las partículas celestes criadas en los campos gravitatorios, con las que hará guirnaldas para decorar los vacíos que sobrevolarán las fiestas que él ya no tuvo. Los recuerda; y recuerda el agua vertida que siempre estará con él, el vacío que le invadirá, a veces, incluso, al volver a este nuevo puerto estelar donde le esperan sonrientes quienes han llenado un vacío.