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  • Libertina y Nanafood, una bonita historia de sabor

    ¿Qué tal, seres libertinos? Hoy os hablaremos de nuestras compañeras de Nanafood. Todo ha surgido porque me estaba comiendo unos hexágonos de Chía rellenos de Txistorra y he pensado:

    —Venga, vamos a contar la historia de cómo llegamos a esta pasta de Libertina.

    Teníamos varios proyectos de pastas, pero necesitábamos encontrar una longaniza, un chorizo o una txistorra que, además de estar de rechupete, casara con nuestra forma de entender la alimentación.

    Y entonces aparecieron Pilar y Begoña; es decir, Nanafood. Fue amor a primera vista pues, de pronto, supimos que eran el complemento perfecto que íbamos buscando.

    ¿Qué nos conquistó de ellas? La respuesta corta sería “¿Qué no?”, pero os daré la larga: Su apuesta por la calidad en unos productos 100% naturales, orgánicos y libres de ingredientes transgénicos; el cuidado y la pasión que ponen en cada uno de los detalles para satisfacer a sus clientes; y que, además, velan por el bienestar de sus animales, habiendo obtenido el sello europeo Welfare Quality.

    De la unión de Nanafood y Libertina seguro que nacen dentro de poco unas pastas NanaTinas o LiberFooders que os molarán.

    ¡Estad atentos, seres libertinos!

    Una colaboración de ref5504 para Libertina y sus pastas.

  • Libertina se pone de gala

    Hace tiempo que no nos vemos, seres libertinos. ¿Qué tal estáis? ¿Con ganas de conocer las novedades de nuestra página? Pues tenemos unas cuantas.

    ¡Delantales puestos, fogones preparados, ordenadores encendidos!

    ¡Nos vamos!

    Tienda on-line

    ¡Tenemos una tienda virtual! ¡En serio! ¡En línea! Y nos hace mucha ilusión porque así estamos como más cerquica de todos vosotros.

    ¿Y qué podemos pedir en ella?

    Nuestra Pasta Fresca Refrigerada tanto en formato individual como en packs. Teniendo en cuenta vuestras sugerencias, hemos preparado tres tipos de packs: Degustación, Vegetariano y Vegano.

    Además, en cada uno de nuestros ravioli, disponéis de una descripción del producto con toda su información nutricional, las distintas formas de prepararlo (hervidos, al vapor, fritos, horneados), así como unas sugerencias de recetas y salsas para sacarle el máximo partido.

    Si queréis que enviemos congelados algunos de nuestros raviolis, lo indicáis en el apartado “Notas de pedido” al rellenar vuestros datos en la hoja de “Pago”. Nos ponéis qué ravioli va en formato congelado y nuestro yeti particular os lo congela en ese mismo momento. ¡Garantizado!

    Recordad que nuestras pastas congeladas pueden consumirse hasta seis meses después de su elaboración y conservan las mismas características de siempre.

    ¿Y nos lo mandáis a casa?

    Pues claro. Enviamos nuestras pastas a toda la península en un plazo de 48 a 72 horas.

    Tiendas off-line

    Que hayamos abierto tienda en el ciberespacio, no quiere decir que Libertina abandone el mundo físico. Podría porque es un placer que nos lleva a un estado místico, pero no, también seguimos en la Tierra.

    ¿Dónde os podemos encontrar?

    Si queréis saber dónde comprar nuestras pastas, pinchad en “Distribución” y aparecerán tres apartados: Horeca, tiendas y contacto.

    Si seleccionáis “Tiendas”, dispondréis de un botón con el listado de todos los establecimientos donde adquirir las pastas de Libertina.

    Dudas:

    En esta nueva sección de “Dudas”, resolvemos las dudas que nos habéis planteado sobre las pastas de Libertina: cómo las podéis conservar o cocinar; si se pueden freír; qué salsa es la mejor para cada una de ellas…

    Si no aparece vuestra duda, podéis enviarla a nuestra cuenta de Instagram o a hola@pastalibertina.com. Estaremos encantados de contestaros, ampliar la información que necesitéis, y compartirla con el resto de seres libertinos.

    Y hablando de compartir, mandadnos fotos con vuestros platos porque nos encanta ver que vosotros también disfrutáis de Libertina.

    ¡Hasta pronto!

    Una colaboración de ref5504 para Libertina y sus pastas.

  • Letras giradas

    Pasmada, patidifusa, parada se queda y no da crédito a lo que está viendo: la letra p que preside su estantería la ha mutado un duende en d. ¡Otra vez! ¡Qué pesado el puto duende de las pelotas, tocando las pelotas, al que le va a cortar las mismas si lo pilla!

    Con un fastidio atenuado porque ya lo ha vivido unas cuantas veces, la gira para que vuelva a ser su letra, su p, perfecta, polisémica, puesta por su nombre. Con los moñacos colgando sus piernas de las baldas de una estantería perfecta, acompañando con libros y cactus a una letra p polisémica, pilar donde pivota la decoración de su comedor y de su vida; con todo ya en su sitio, respira tranquila al fin.

    Arreglado el problema de ortografía, empieza a preparar la cena. ¿Qué hará? ¿Fideua con alioli? ¿Unas patatas al horno? ¿Por qué no atreverse con un tartar de bisaltos sobre reducción de guacamole a las hierbas australianas? Detiene su cerebro un momento y lo rechaza: Pensando en sus invitados, quizá lo más agradecido sean unos macarrones sin gluten ni lactosa de primero, y unas pechugas de pollo empanadas sin gluten ni lactosa de segundo. Donde no hay ninguna duda es en el postre. Aunque quería arriesgar con helado de frambuesa y chocolate derretido, tiene el plato con el que no puede fallar: La Roca. Algo sólido, contundente.

    Ya está: Saca del armario la caja de macarrones y la bolsa de pan sin gluten. Ahora le queda lo más complicado del día, pues tiene que elegir su ropa. Mientras va preparando lo que utilizará para cocinar, piensa en lo que puede ponerse, en las distintas combinaciones que sean adecuadas para la ocasión. Adecuadas y atrevidas. Piensa en su maravillosa boina naranja resumen del buen gusto estético. Atrevida, sí; adecuada, quizá demasiado atrevida.

    Cuando está a punto de intentar rebozar los macarrones, decide que necesita ir a su cuarto para poner sobre la cama las distintas opciones que tiene. Al pasar por el comedor, observa de nuevo la letra p, que sigue siendo una p porque el puto duende aún no ha tenido tiempo para volver a tocar… las narices. Durante unos diez segundos, se queda pensativa sobre lo que significa esa p y, con un poco de sorpresa para sí misma, la gira convirtiéndola en una d que también forma parte de ella.

    Llaman a la puerta.

  • Distrufe total

    Quedas en el inicio de un distrufe total.

    Te ponen ante un montón de platos cocinados que sólo tienen un ingrediente en común y, en ese momento, la realidad se condensa en un único axioma de origen subterráneo con entrantes de trufa, ensalada de esto y lo otro con trufa, animales de todos los continentes, todos los océanos y truchas del río Isabena en tartar con trufa, profiteroles de trufa mezclada con crema de isótopos inestables de elementos menos estables que un neutrón aislado de la trufa, infusión de trufa con trufa endulzada con trufa trufada, y trufa, y trufa, y trufa. Entras en un estado de nirvana trúfico con partículas de trufa emitiendo radiaciones Trufenkov con sabor a trufa.

    En ese instante, miras a la trufa y la trufa te mira a ti. Estás atrapado y ya eres, para siempre, uno con la trufa.

    “La vida es trufa y las trufas trufas son” respondes cuando te preguntan por la futilidad de las ilusiones y la literatura española gastronómica. “Trufo, luego existo” es tu mantra para rechazar que eres un programa informático, que eres un conjunto de números que sólo importan cuando dejan de producir números. “Trufa o no trufa, esa es la cuestión” sueltas con aire melancólico para que sepan que eres un intelectual y no un tirado de la vida, que tienes tus estudios en cómo se usaba la trufa hace un milenio y tres cuartos de kilo.

    Te quedas totalmente distrufado al final.