• tontolitos de amor 5

    Cariño, mi amor, te haré versos empalagosos, pero muy empalagosos. Y habrá mucho de exageración hiperbólica, mucho de surrealismo patafísico, pero también habrá, al menos, una pizca de verdad.

    Aunque esa pizca será muchas veces del tamaño de una locomotora.

    Construiré odas al azúcar más estomagante, con los ripios más falsificados fotocopiados de todas las culturas que ha habido en esta vida.

    Amor, vida mía, cachito de cielo hecho persona, declaración universal de los derechos amorosos puesta a mi lado, cosita mía, cariño.

    Más y más, más y más granos de azúcar hasta llenar el azucarero, el salero, el horno microondas, la sede parlamentaria, los desiertos de Marte.

    Y en Marte, como dice el dicho, amarte.

    Te escribiré versos empalagosos y serán muy, pero que muy empalagosos.

  • tontolitos de amor 4

    En las oscuridades más obscuras del infinito estaba yo, abandonado, perdido, sin un lugar en este universo que sintiese como propio.

    Y apareció una luz.

    Y apareciste tú, mi luz.

    Me puse una linterna de linterino en mi mano y empecé a buscarte, a buscar la luz que diese vida a las oscuridades más obscuras que me tenían preso en la más obscura de las oscuridades.

    Y se hizo la luz.

    Y en la luz apareciste tú, mi amor.

    Llené mi casa de bombillas, de alto y bajo consumo, con luces de colores, blancas y negras.

    Mi calefacción pasó a ser una chimenea que resplandecía en mi humilde casa.

    Me recomendaron unas gafas de sol. Y me negué.

    Me recomendaron un antifaz. Y me negué.

    Que había mucha luz. Y era así.

    Que había demasiada luz. Y no era así.

    Porque nunca hay demasiada luz, porque a veces hay suficiente luz, porque siempre hay la luz de tu amor en mi corazón.

    Ilumíname, cariño.

    Ilumíname como si fueras una central eléctrica ardiendo, una bomba nuclear estallando en mi propio cuerpo.

    Ilumíname, cariño, mi luz, mi amor.

  • tontolitos de amor 3

    No es necesario comer nada más que tus besos, tus caricias, mi amor.

    He dejado para siempre todas las dietas que no me han servido para adelgazar, ni para estar, según las estadísticas oficiales, completamente sano.

    Porque ahora sí que estoy completamente sano, y es por ti.

    Ya no hay batidos de proteínas, ensaladas kilométricas, conglomerados de alcachofa, ni balances energéticos.

    Ya no los hay porque estás tú.

    Me alimento con tu presencia, tu imagen, mi pensamiento en ti; me alimento con las huellas que dejas en mi memoria cuando has cruzado tu vida con la mía.

    Y nada más necesito, y nada más quiero.

    Amor, mi amor, eres mis vitaminas, eres mis nutrientes, eres, eres, eres tú.

  • tontolitos de amor 2

    Me he levantado fatal, pero fatal, fatal.

    Vomitaba, vomitaba. Vomitaba todo y más. Vomitaba lo que había comido, lo que había comido la semana pasada. Vomitaba incluso los yogures que me comía a pares en mi infancia.

    Y en cada vómito, en cada arcada, venía nuestro amor a mi corazón, a mi boca.

    Cada uno de los tropezones que devolvía al mundo me recordaba a ti, a nuestro amor.

    Una arcada.

    Un tropezón era por el primer ramo de flores no comestibles que me compraste. ¡Cuánto te besé, mi vida! ¡Qué feliz me hiciste, mi amor!

    Otra arcada.

    Otro tropezón me devolvía a las reuniones con los amigos, la familia, los involuntarios compañeros del autobús que ven nuestro amor, que escuchan absortos las palabras endulzadas que escriben nuestra historia.

    Otra más.

    Las horas pasan y yo aquí continúo vomitando fiel a nosotros porque:

    Contigo en la pobreza y en la riqueza.

    Contigo en la salud y en la enfermedad, cariño.

    Me sujeto fuerte a la taza del váter, me sujeto fuerte al amor que hay en ti y en mí, me sujeto fuerte tras otra arcada y, con toda mi alegría, vomito.