• retazo 82

    Se queda mirando la pieza unos instantes y la pone en una caja con el resto de piezas.

    Ha terminado el puzzle.

    Se ve el Monte Fuji transmitiendo la misma serenidad que le ha transmitido cada mañana durante los últimos años. Lo ha terminado aunque le falta una pieza que nunca llegará a poner en él.

    Ahora, aplica el pegamento, el barniz para que se mantenga tan joven, tan vivo como en ese mismo instante.

    Cuando ha terminado, le hace una foto y lo empaqueta con el resto de sus pocas cosas porque vuelve a casa, a su casa, a la que siempre será su casa aunque apenas viva en ella.

    Volverá y pondrá el puzzle del Monte Fuji al lado del cuadro de Rossetti, de ese cuadro que le recuerda cuando estuvo estudiando en Gotinga. En la misma habitación donde están los puzzles de las Formas de la Continuidad del Espacio y de la Estación de las Guadaneras.

    Y en cada uno de ellos falta una pieza, una pieza que está en una caja con las otras piezas que faltan.

    En unos meses elegirá un nuevo puzzle y lo irá haciendo poco a poco, china chana, durante meses, durante años, hasta que ponga la penúltima pieza antes de volver a casa, hasta que ponga la última pieza en una pequeña caja con las otras piezas que faltan.

    En una pequeña caja, con las otras piezas que faltan, que siempre va con ella. A veces, la saca y las mira y recuerda los puzzles, y recuerda su vida, y se recuerda a ella misma como otra pieza dentro de ese puzzle que vivió.

    Se niega a poner la última pieza porque esos puzzles nunca estarán completos, nunca querrá tenerlos completos; porque, con los años, se dará cuenta de piezas que no entendió, de piezas que estaban y no supo verlas, de piezas que creía que sobraban y no sobraban.

    Se niega a poner la última pieza porque esa última pieza es la que estamos buscando durante toda nuestra vida para estar completos y entenderlo todo.

    Se niega porque cuando estamos completos y lo entendemos todo, nuestro camino ha terminado.

    En unos meses, se quedará mirando la caja unos instantes y pondrá la primera pieza del siguiente puzzle.

  • tontolitos de amor 23

    Podría ser el inicio de todo, mi amor, el primer día de todo.

    Surgirían las estrellas, los planetas, y, en forma de cometa, un anuncio de comida rápida.

    Pero antes surgirías tú.

    Nacerían las montañas, las cascadas, y, como mi nueva casa, una tienda de comida rápida.

    Pero antes nacerías tú.

    Aparecerían los ascetas, los profetas, y, como heraldos de la buena nueva, una horda de repartidores de comida rápida.

    Pero antes aparecerías tú.

    Algún dios inventaría todas esas cosas, algún hombre las inventaría, sí; pero, antes de que él lo hiciese, antes de que todo eso pasase, yo inventaría mi mejor invento y ese invento serías tú.

  • tontolitos de amor 22

    Excavaré el amor que hay en mí para regalarte las joyas que encuentre. Bueno, más que joyas serán pedruscos, aunque quizá haya alguna piedra semipreciosa si tengo un poco de fortuna. O si tengo mucha fortuna y un pico con encanto.

    También hallaré a algún faraón amortajado con el amor tajado, escondido entre quilos y quilos de arena. Le preguntaré qué tal está, qué tal está mi antiguo yo, que si de verdad necesitaba tanto desierto y tanta venda para huir de la vida.

    Me dirá lo que diga, pero seguro que entona alguna canción que, tras recordar lo que yo sentí, pueda cantarte.

    Sacaré ciudades de tiempos olvidados, olvidados incluso por mí. Pasearé por las calles por las que paseaba, me sentaré en las cafeterías universales donde pontificaba, pero esta vez no hablaré, no opinaré, no diré nada.

    Rescataré algunos pequeños poemas que aún siento como propios y, tras quitarles la arena del desierto, te los dedicaré.

    Excavaré el amor que hay en mí para buscar joyas que regalarte.

    Excavaré el amor que hay en mí y entonces saldrás tú.

  • tontolitos de amor 21

    Nuestro amor es nuestro amor y no otro. Ni sale en las películas, ni sale en más canciones que las nuestras.

    No soy el príncipe romántico y aventurero que viene a salvarte; que ha vencido a no sé cuántos monstruos; que consiguió un cuerpazo, en una partida de cartas, en un tugurio de magos.

    Y quizá, tal vez, puede, tú no seas una princesa.

    No soy un guapo millonario que se enamora de una autónoma de los ramos; no soy una bestia maldita que se libertará para ser un bello enamorado. Ni soy rico, ni tengo encanto.

    Y quizá, tal vez, puede, a ti no te importe.

    Nuestro amor es nuestro amor y no otro. Aunque nos falten y aunque nos sobren piezas para construir ese amor perfecto.

    Nuestro amor es nuestro amor y no otro.