• C2-1

    Tres serranitas a cada día

    me repetían

    que no fuese un bufón.

    Mi prima, mi hermana y mi amada

    no contemplaban

    Que le cantase al amor.

    “Ay, ay, ay, déjate de cantautor

    ay, ay, ay, qué cruz, por dios”.

    Siempre que mi corazón le hablaba,

    mi enamorada

    me decía con pudor

    Que no era decente en un hombre,

    con un buen nombre,

    mostrarle tal emoción.

    “Ay, ay, ay, Cupido me traicionó

    ay, ay, ay, qué hago yo”.

    “Es mejor negocio tus ovejas”

    decía la siesa

    de mi hermanita menor.

    La tercera me llamaba primo:

    “Ay, doble primo,

    que el dinero es la pasión”.

    “Ay, ay, ay, poco sabes del amor

    ay, ay, ay, qué ton-to-rrón”.

    Les cambié mi cuerpo por un muerto,

    con gran acierto:

    Ninguna lo sospechó.

    Lo manejaban como a un pelele,

    atento siempre,

    hasta que se descubrió.

    “Ay, ay, ay, está en descomposición

    ay, ay, ay, qué mal olor”.

    Como a un pastor desesperado,

    allí pringado,

    ya lo llevan a enterrar.

    Tres plañideras al mundo lloran.

    A buenas horas.

    Que os dé tormento dios.

    Ay, ay, ay, que os dé tormento dios.

    Ay, ay, ay, me voy, adiós.

  • C1-0 Versión alternativa

    ¿Cuántas veces tras mi corazón

    he caminado resuelto?

    Tantas veces que en mi marcador

    los números van a cientos.

  • tontolitos de amor 28

    Una tarde cualquiera, en un sofá cualquiera, estaremos viendo una película aleatoria, de ésas que echan todos los sábados por la tarde en un canal de Visiones cualquiera.

    Y llegará un aire huracanado, y no será porque hayamos comido legumbres.

    Y llegará una brisa marina, y no será porque hayamos echado ambientador para disimular el producto de las legumbres.

    No, no, no, y cientos de veces no.

    Habrá un hombre misterioso en la pantalla de las Visiones, hablando del tiempo, de las nevadas bucólicas en las montañas, de las ventoleras no tan bucólicas del Zierzo, y lo hará con tal cariño, con tal amor, que incluso la mayor pedregada nos parecerá una lluvia de caricias que nos lanzan los ángeles del cielo.

    Cogerás el mando y buscaremos el título de esa película aleatoria de un sábado cualquiera que, como no podría ser de otra manera, se llamará: “El meteorólogo del amor”.

    Y llegarán tempestades de abrazos amorosos, y el sofá nos regañará ante tanto empalagamiento.

    Y llegarán avalanchas de besos amorosos, y el sofá nos gritará “Idos a un hotel”.

    El hombre misterioso de las Visiones sonreirá, pero, antes de que pueda seguir viéndonos, cogerás el mando y apagarás la pantalla porque ya habremos perdido cualquier interés que pudiera tener la película.

  • tontolitos de amor 27

    Poder estar en silencio y no decir nada, y no tener que decir nada.

    Completar mis frases con tus palabras para expresar lo que aún no sabía que sentía.

    Y estar bien.

    Y sonreír.

    Y no tener que hacer nada porque no hay nada que haya que hacer.

    Sentir que es así la vida.

    Con tu mano en mi mano, en un parque, en una cena, en un hospital.

    Tener el otro lado de la cama lleno. Bueno, medio lleno.

    Poner los cubiertos de la mesa y cuando sólo pongo unos sentir que la mesa aún no está puesta.

    Poder estar en silencio y no decir nada, y no tener que decir nada porque se haya entendido todo.