• retazo36

    Camino hacia Marte, subiendo junto a sargantanas por las paredes donde se refleja la luna. Levanto la cabeza para otear un sendero en el éter que me conduce hasta un planeta convertido en una luz roja. ¿Por qué la luz roja? ¿Será un faro para los viajeros que intentan evitar las rocas causantes de los naufragios del alma? ¿Será una advertencia para recordar los peligros del vacío que hay entre los planetas que hay entre nosotros? ¿O un prostíbulo, tal vez, donde alquilar nuestras vidas y nuestros planetas a cambio de un vacío que no nos llena?

    Ni sé ni me importa cuál de ellas es la razón por la que Marte está transformado en un luz roja que me guía. Las ventosas de mis manos se agarran al cristal del mimo que forma una escalera hasta el cielo de mis ojos. Subo. Subo viendo volar por el horizonte a leones trastocados en perros con cara de payaso, de la correa de una Cibeles que llega tarde a la reunión de dioses anónimos abandonados por sus devotos. Subo. ¿Y cuál es el sentido de querer llegar a Marte? ¿Acaso me espera allí un restaurante que resuelva todos los sueños de mi estómago?

    Camino hacia Marte por un cielo de colores estrellado, viajando a su lado para leer mi camino en ellas.

  • retazo35

    Mi yo docto, el guía que saca a mi pobre yo ignorante de su propia mediocridad, sonríe. Aquel que le dice a éste:

    –Sois mediocres. Los otros yo sois mediocres; y yo os lo digo porque gastáis vuestras míseras vidas mediocres en porfiar en ser mediocres.

    Y mi yo espectante, el que quiere ser dominado por ese faro de luz que es mi yo docto, dice:

    –¡Es verdad!

    Mi yo docto suelta mis prejuicios enlatados en figuras de pensamiento ultra superiores, mis prejuicios deconstruidos por el pensamiento racional y el estudio de lo dicho por las grandes mentes del pasado, sentando cátedra sobre todo y todos.

    Y mi yo espectante ríe ufano porque sabe que su faro vital, su demiurgo de lo mundano, tiene razón.

    ¡Qué espectáculo tan repetido y patético! Pero, incluso ante ese espectáculo repetido y patético, siento aún más ternura por esos otros yo que habitan tanto éste como otros cuerpos.

  • retazo34

    Kañdkf es la conclusión de dar mil vueltas a mis pensamientos durante largo rato, de meditar sin doblez en lo que tanto me ha preocupado en esta vida. Así que mi conclusión es, por decirlo con tacto, diferente.

    Podría haber encontrado la cura para alguna dolencia real o imaginaria que pueda tener, pero no ha sido así. O podría haber llenado mi cabeza con sensaciones maravillosas recreadas en alguna visión, pero no ha sido así tampoco.

    He buscado en los profesionales que puedan ayudarme a resolver mis inquietudes; reconozco que he visto vídeos de filósofos y estilistas de la modernidad que hablan de la esencia última de lo que me llena la cabeza en este momento; los he visto, tan serios, tan bien informados, tan confiantes en su pensamiento que he llegado a la conclusión de que estaban hablando de algo completamente distinto a lo que yo creía que estaban diciendo.

    Observo las verdades últimas que me ofrecen y Kañdkf es cada vez más atractivo, más adecuado como solución. Así que, ante cualquier pregunta que me plantee la vida, sólo me contestaré:

    –Kañdkf.

  • retazo33

    Un acertijo de un libro de acertijos busca en mí una explicación que le permita solucionar un acertijo.

    –No, digo que no sé dónde está tu explicación. En verdad te digo que no sé dónde encontrarás esa explicación, dónde encontrarás explicación a todas las explicaciones que te deben. No lo sé. Opina lo que consideres que tienes que opinar: de lo que hago o hice; de lo que digo o dije; de mis respuestas o silencios a tus preguntas; de lo que consideres que tengas que considerar. No me burlo de ti, aunque lo pueda parecer a alguien que piense mal para acertar. De verdad, no me burlo, pero no te puedo dar mucha más contestación que ésta. Intento ser tan sincero contigo como soy capaz de serlo conmigo mismo.

    Ad hoc, se añade en el acertijo un corolario tan enrevesado y malicioso como es “Excusatio non petita…”. Da igual lo que yo diga o haga pues, para el acertijo, no habrá contestación adecuada hasta que se haya hecho justicia, hasta que el demiurgo de sus pasiones quede empachado y victorioso con su dosis de endorfinas morales, hasta que el demiurgo de sus acciones maquine la búsqueda de otra explicación que, sin haberse dado cuenta antes, se le debe.