• tontolito de amor 50

    Escribiré relatos de robots, para robots, para nosotros; los escribiré durante más de un año.

    Y todos empezarán igual, o casi:

    Hubo una vez un roboto que…

    Y todos terminarán igual, o casi.

    Hablarán de máquinas, pero de amor; de máquinas, pero de esos sentimientos que tenemos los robots y que también dicen que tienen algunos humanos.

    Y de aventuras, y de fracasos, y de universos que se expanden para dejarnos más espacio.

    Hablaré de Malvadón de Sigma engañando a bobos; de la Marquesa del Amperio haciendo malabares; y, quizá, también hable un poco del Príncipe Relámpago. Quizá, no es seguro.

    Escribiré relatos de robots, para robots, para nosotros; los escribiré tal como los he escrito durante más de un año.

    Y todos empiezan igual, o casi.

    Y todos terminarán igual, o casi.

    O casi.

    Porque…

    Porque…

    Habrá uno distinto, uno que, siendo nuestras palabras, dirá:

    Así fue como un roboto, en un veintiuno, encontró a la robota de su vida.

  • tontolito de amor 49

    Este es mi imperio y mi imperio eres tú.

    He conquistado a miles de pueblos bárbaros para conquistar tu corazón.

    Y dirás que es en un videojuego, y tendrás razón.

    En parte, tendrás razón.

    He construido en esos miles de planetas miles de templos para adorarte.

    Y dirás que es en un libro de fantasía, y tendrás razón.

    Seguirás teniendo razón. En parte.

    Mis cuentos son sus libros sagrados, mis bailes asincrónicos son sus bailes de guerra; y son los cuentos que te cuento a ti, y son los bailes que te bailo a ti.

    Porque…

    Este es mi imperio y mi imperio eres tú.

  • tontolito de amor 48

    He dejado el arte. Así, sin más.

    No pintaré tu rostro sonriendo al mundo, sonriendo a todos los vecinos de nuestro pueblo; a todos los vecinos que contemplan, con alucinada devoción, tu rostro en mitad de la fachada de la iglesia.

    No, me he reformado. Te lo prometo.

    Tampoco pintaré más hornacinas cuticulares. Se acabaron tus relojes gelatinosos, mis santones estirados, nuestras merendolas italianas en la campiña del Sobrarbe inglés.

    No, ya no volveré a pintar más uñas en mi vida. Te lo juro por el roboto más molón, te lo juro por el roboto Hiperchiquitín.

    He dejado el arte, he dejado todo lo prosaico que hay en él.

    ¿Por qué? Porque es falso.

    Porque tenían razón los iconoclastas al destruir los ídolos, al prohibir las pinturas de figuras humanas. Porque no hay color para el color de tus ojos, porque no hay pincel para capturarte en un trozo de trapo.

    Vale de pinceles, de cuadros, de exposiciones íntimas donde se refleja la esencias del impresionismo puntillista irlandés. Se acabó tanta tontería, se acabó tanto romanticismo empalagoso.

    He dejado el arte porque conquistaré el mundo para ti. Así, sin más.

  • tontolito de amor 47

    Me he hecho pintor. Me he hecho pintor por ti, para dibujarte, para compartir la alegría que me produce verte.

    Pintaré tu cara, tus ojos, los meñiques de tus pies. Unas veces los pintaré al estilo de Dalí, otras de El Greco, otras de Rossetti.

    Si quedan un poco por debajo del realismo, Dalí; si un poco estirados hacia el cielo, El Greco; si un poco parecidos a italianos medievales de merendola en la campiña inglesa, Rossetti.

    Mis clientes gritarán, algunos de placer, algunos de sorpresa, pero todos consumidos por la emoción de verte, de verte a ti, mi amor.

    Aunque todavía no sea un pintor famoso, aunque todavía sólo me dedique a pintarle a mis clientes sus uñas.

    En esas hornacinas cuticulares, tú sonreirás al mundo y el mundo se pondrá tan contento como yo al verte.