• retazo 79

    Abres el GPS y te indica el camino más corto que hay entre dos puntos:

    —Mosqueruela-Hecho

    Tiempo estimado: 4 horas 32 minutos.

    Distancia: 391 km.

    Llegarías en 4 horas y 32 minutos en coche, o en 20 horas en bici, o en 3 días a pie. Eso es lo que pone el GPS que tardarías por el camino más corto, pero puedes llegar en el tiempo y por el recorrido que tú quieras.

    Puedes seguir una ruta más o menos cercana a la que te propone y entrar en el Museo Minero de Escucha; y, luego, comerte un bocata en el parque de Huesca, en un banco cerca de las Pajaritas.

    O igual pasas completamente del GPS y decides que la mejor opción para llegar de Mosqueruela a Hecho es ir por Calatayud para ver los restos celtíberos; y que el bocadillo te lo vas a comer en Teruel junto a sus torres.

    Y como te ha gustado el mudéjar, necesitas ir a Tobed, con su iglesia, y al pueblo de al lado que, según tu propio mapa, es Utebo, con su Torre de los Espejos.

    Pero no será la única vez que hagas ese viaje. La siguiente vez, o la siguiente de la siguiente, se te llenará con una nabata en el Castillo de Aínsa, un ciervo en la Ciudadela de Jaca, y unas tapas en el Tubo de Zaragoza.

    Así es, cualquier punto de Aragón está cerca de donde tú quieras, diga lo que diga el mapa o la guía de viaje más completa que te puedas comprar. Porque el GPS te indica cuál es el camino más corto que hay entre dos puntos de Aragón, pero tú decides cuál es el mejor viaje que puedes hacer entre ellos.

  • retazo 78

    Saldrás de casa y volverás a tu pueblo porque, al final, todos tenemos un pueblo al que volver. Cogerás el coche, el tren, el autobús y, al llegar, sentirás que te reciben como siempre te han recibido. Y será tu pueblo, aunque sea una ciudad. Y será tu pueblo, aunque sea la primera vez que estés allí.

    Pillarás una mochila y te irás para Benasque, para la cabaña del Turmo, porque te sentirás más aventurera, porque habrás recordado una canción y el poder dejar todo atrás y perderte. Aunque sepas que saldrás el viernes para volver el domingo; o el lunes de madrugada y quizá empalmes con el trabajo.

    Y valdrá la pena no dormir.

    Quedarás con tu gente y te irás a las fiestas de San Lorenzo, o a las del Torico, o a los Pilares, o a las fiestas de las Guadaneras, o a las de cualquier pueblo donde hagan una parrillada de longaniza en su plaza mayor. Aunque ya no tengas veinte, aunque ya no tengas cuarenta.

    Y, cuando terminéis, volverás a casa.

    Te montarás en la furgo para recorrer el valle del Isábena, partiendo de Roda, pasando por Bisalibóns, comiendo moras de una zarza junto a un puente románico, lavándoos los morros en unas fuentes cerca de La Cuadreta. Y llevarás a tu hijo de la mano igual que te llevaron a ti.

    Quizá no este año, pero lo harás.

    Cuando vuelvas a casa, a tu otra casa donde vives el resto del año, sabrás que ese pueblo al que has ido, ahora también es el tuyo y, como todos tus otros pueblos, estará esperando que vuelvas.

  • retazo 77

    Érase una vez1 …

    1Nota del editor: Cualquier coincidencia2 entre ese tiempo y un tiempo que haya sucedido en la realidad es involuntaria. Antes de emprender acciones legales por un posible menoscabo en el honor de personas, naciones o cosas que se pudiera inferir de lo aquí expuesto, rogamos que contacten con nuestro departamento de relaciones judiciales.

    2Nota del traductor: Aunque en ambos idiomas la palabra “coincidencia” coincide, permítaseme esta repetición estilística, los lectores menos dotados han de recordar que no se pueden3,4 tomar como sinónimos completos pues son, en la jerga de los traductores, “palabras gemelas, pero no tanto”. Resolver el problema de una traducción pulcra de esta palabra excede los márgenes de esta hoja, dejándose para futuros siglos.

    3Nota del corrector del traductor: Sí se pueden4.

    4Nota del editor del corrector y del traductor: No os he pagado5 para que me montéis estos líos.

    5Nota del recopilador de los cuentos tradicionales: De todos los misterios que recoge esta magna obra, el famosísimo “no os he pagado” es el que más controversia6 crea entre lingüistas e historiadores. Tradicionalmente, se mantenía que “no os he pagado” se refiere a una fórmula que busca la ayuda de un ser mitológico, seguramente de Economía, diosa arcaica de la gestión del hogar. Sin embargo, en las nuevas corrientes del pensamiento, “no os he pagado” se interpreta de una manera brutalmente provocativa: Hubo un tiempo en el que los editores daban dinero a escritores y traductores. En la respuesta a por qué se lo daban ya no hay coincidencia6.

    6Nota del traductor de la recopilación: En esa época, las palabras controversia y coincidencia tenían el mismo significado7.

    7Nota del autor: ¡Mentira!8

    8Nota del guionista del autor: ¿Qué sabrás tú?9

    9Nota10 del lector: Haya paz. Daos la mano y volved a ser amigos.

    10Nota del organizador de notas: Y con esta nota se acabó.

  • retazo 76

    En la noche de su cincuenta cumpleaños, nuestro héroe tiene ante sí una misión imposible; bueno, quizá no tan imposible para unas personas normales, pero sí para alguien tan, tan, cómo decirlo, tan como él.

    Veinte años atrás, en la inconsciencia etílica posterior a la entrada en su tercera década, cuando el alcohol nos lanza a abrir la boca más allá de lo sensato, nuestro héroe, o nuestro pobre diablo, había prometido que lo haría. Eso es. Lo haría si llegaba a los cincuenta, si su cuerpo tenía la capacidad de soportar sus excesos con la comida, el alcohol y las mujeres; y con el resto de cosas de relleno que hay en este mundo para acompañar a la comida, el alcohol y las mujeres.

    Se terminó de un trago su cubata y, para mostrarle a una hippie buenorra que no tenía miedo a nada en esta vida, firmó su sentencia:

    —Lo haré.

    “Lo haré”. Eso dijo. Eso recuerda, en la hora de su cincuenta cumpleaños, mientras mira fijamente lo que para alguien como él, para un hombre de pelo en pecho y barba cerrada, es el ataúd donde depositar su propio cuerpo.

    Lo que no recuerda es a la hippie. ¿Tenía un buen culo? ¿Buenas tetas? El alcohol había borrado casi toda esa noche, salvo lo que tendría que haber borrado: esas puñeteras palabras de bravucón.

    Delante de él estaba el resultado de los errores de su vida pasada, estaba lo que iba a arruinar cualquier tiempo que le quedase en este mundo, un lugar ahora transformado en un valle de lágrimas con muchos ríos de lágrimas y con muchos afluentes.

    Las palabras de la hippie vuelven a él, ni su cara, ni su culo, ni sus pechos:

    —¿Te atreverías a llevar una vida saludable? ¿Aunque seas un viejo de cincuenta años?

    Y el plato de brócoli que tenía en su mesa era su testamento tras sus malditas palabras:

    —Lo haré.