• Historias de robots 3-10

    Hubo una vez una robota que, por cuidar una planta, terminó con un mono.

    Nunca se le habían dado bien los animales, ni las plantas, ni los microorganismos. Siendo claros: No se le daban bien los seres vivos y ya.

    Tuvo un perro pastor eléctrico, de esos molones que salen en las revistas de chicas guapas, y casi se le electrocuta al caerse en la bañera.

    Pasó a una oveja eléctrica, certificada con cero mantenimiento-cuidado-problemitas, y casi se le electrocuta al caerse en una bañera. Y eso que la bañera, sabiendo lo que le había pasado al perro, ya la tenía vacía y rodeada por una valla. Pues la bendita oveja debía de ser campeona olímpica de salto sin pértiga porque allí apareció.

    Le regalaron un ficus eléctrico, con unos paneles que absorbían cualquier fotón despistado que pasase cerca para que ella no tuviera que cuidarlo, con garantía de poder sobrevivir a cuatro guerras termonucleares de destrucción garantizada, y casi se le electrocuta al caerse en una bañera.

    Sí la misma bañera de siempre, pero que ya no saldrá más en la historia porque, después de lo del ficus, decidió instalarse una ducha.

    Una araña temeraria entró en la casa de la robota y… murió.

    Y un mosquito buscándose la vida y… murió.

    Y un virus informático… y murió.

    Por eso, cuando le regalaron una planta, dijo:

    —Que no quiero, que se me mueren todos los bichos.

    En principio, parecía una planta normal, con sus hojas, con su tallo, con sus raíces para captar las corrientes eléctricas de la tierra; en resumen, una planta normal.

    Tan normal que no salía en revistas molonas, ni tenía certificados sobre su mantenimiento, ni tenía garantizado sobrevivir a una guerra o a una bañera.

    Quizá por sus experiencias previas, no le hizo el más mínimo caso; y quizá por no hacerle el más mínimo caso, no se enteró de que le había salido una nueva rama, con sus hojas, y su caseta de pájaro carpintero.

    Se enteró cuando el pájaro carpintero le picó entera una pata de la cama. Tras el golpe contra el suelo, dijo:

    —¿Qué?

    Podría haberle causado extrañeza ver al pájaro, pero lo que realmente la dejó atónita es que estuviera vivo.

    —¿Qué hace un pájaro vivo en mi casa?

    El pobre bicho se asustó y se fue volando.

    —Sí, sí, no te lo dije. Como frutos, esta planta produce pájaros carpinteros. No te preocupes. Ahora mismo te mando la solución.

    Su amiga, la que le había regalado la planta, la que le acababa de explicar por teléfono el origen del pájaro, le mandó un paquete y esta vez sí que llevaba una pequeña nota:

    —Sirve para controlar a los pájaros.

    Abrió la caja y sacó a un…

    —¿Un mono? ¿En serio?

    El mono, en cuanto vio la planta, que ya tenía más ramas con las yemas de nuevos pájaros carpinteros, saltó hacia allí y empezó a comérselos.

    —A-lu-ci-no.

    En un momento, el problema de los pájaros carpinteros estaba solucionado.

    Lamentablemente, el mono, cuando no tenía que comer, se ponía a cantar canciones de la tuna:

    —Oh, vida que me tienes en vilo. Oh, vida mía. Oh, oh, oh.

    Tras medio minuto aquello era insufrible… Y su amiga le mandó el remedio:

    —¿Una cacatúa?

    —¡Una cacatúa!

    En un momento, el problema del mono tunero estaba solucionado y empezaba el problema de la cacatúa.

    Y vino un tardígrado.

    Y, por el tardígrado, vino un camaleón.

    Y, por el camaleón, vino lo que vino hasta que la casa de la robota se llenó de vida y alegría. Bueno, más vida que alegría, y más zoológico que casa. Bueno, pequeñas aclaraciones sin importancia.

    Así fue como una robota, por cuidar una planta, terminó viviendo en una selva con su propia tribu de robots aborígenes.

  • MV-62-Mentiras encadenadas

    Que no te dé vergüenza mentir.

    Hola, ¿qué tal? Bienvenidos a “Mi vida en un minuto”, una sección semiautónoma del proyecto ref5504.

    Por la razón que sea, en esta sociedad está muy mal visto mentir.

    Los científicos saben que todos nosotros decimos, al menos, una trola cada diez minutos, pero no lo aceptamos.

    -Puedo prometer y prometo que esta mancha de chocolate no tiene nada que ver con la tarta que ha desaparecido.

    ¿Cuántas veces habremos dicho algo como lo anterior cuando nos han pillado con las manos en la masa? En la masa de la tarta, claro.

    Y, por supuesto, la maestra repostera se pilla un cabreo astronómico con toda la razón. Cabreo astronómico nivel Vía Láctea por ser un tragaldabas; y cabreo nivel Andrómeda por mentir tan penosamente mal.

    Porque está muy mal, pero que muy mal…

    Está muy mal visto mentir, salvo cuando…

    Volvamos al colegio.

    Un amiguito nos dice que los Reyes Magos, al igual que la República, no existen.

    ¡Dios mío! Nos deja con el ojo más torcido de lo normal.

    ¿En serio? Pero si mis papis y todis lis cuquis soñadoris y guapis me dicen que existen.

    Como estás hecho un lío, le preguntas a tu maestro tutor y él responde:

    -¿Quién te va a mentir? ¿Tus padres que te quieren mucho de mucho o un compañero de clase que no sabe disfrutar de la alegría de la vida?

    Y te quedas tranquilo, súper tranquilo.

    -Gracias, profe.

    Por la razón que sea, en esta sociedad está muy mal visto mentir, salvo cuando es necesario, adecuado, moralmente bueno.

    -Es que era una mentira piadosa.

    Dice el político, el profeta, el amante.

    Y ya todo arreglado.

    Pero en ref5504 tienes un producto para ser sincero contigo mismo y con los demás: “Mentiras en cadena”.

    ¿Te gusta mentir? Pues lo normal.

    Te vienen en la oficina contando sus vacaciones maravillosas a un pueblo tan exótico que ni siquiera tenía vocales en su nombre. Que todos sabemos que tres mitades de lo que han dicho es falso, pero, en vez de montar follón, activas “Mentiras en cadena” y le comentas que tú también estuviste allí, y subes la apuesta hablando de cómo te ibas a pescar con el alcalde y de las noches de juerga que te pegabas con Miss Ribazos. Ya que vas a mentir, hazlo bien.

    ¿Quieres mentiras para política? Las tenemos.

    ¿Para el amor? Las tenemos.

    ¿Para la última moda snob sobre los vinos, los quesos, o los tipos de salsa que mejor maridan con una vida vacía y falsa? Las tenemos.

    Por eso, si quieres mentir, miente.

    Por eso, si quieres disfrutar, “Mentiras en cadena”.

    Activa el módulo especial de “ref5504 me miente como ningún otro me ha mentido antes” y conocerás el placer más falso que puedas imaginar. ¡Augh!

    ¡Enhorabuena por llegar hasta aquí! Si te ha molado en plan chachi piruli este vídeo, puedes darle a “me gusta”, sugerir en los comentarios otros productos que te puedan interesar, suscribirte y darle a la campana de notificaciones. Incluso si eres un robot robot, puedes visitar la página de este proyecto. Pero ¿qué página?

    ref5504, gran empresa, mejores clientes.

    Grrrrrrrr.

  • Historias de robots 1-58

    Hubo una vez una robota que, gracias a su don de palabra, salvó su vida.

    Esmerilda 331 tuvo ante sí la muerte, la muerte que traía un magistrado en sus puñetas.

    Cómo había llegado a juicio, poco importa. Lo que importaba es que Esmerilda estaba ante un magistrado que, si lo deseaba, podía mandarla al desguace.

    —Su señoría, lo primero que le quiero decir es que yo no soy muy inteligente. ¿Se podría decir tonta? Se podría decir y nadie faltaría a la verdad.

    Cómo he llegado a este juicio, poco importa. Lo que importa es que estoy ante usted y que, si lo desea, puede mandarme al desguace.

    Pero, primero, mire, míreme bien.

    El juez así lo hizo, prestando detalle a todo lo que se pudiera vez, intuir o imaginar.

    —Su señoría, también le quiero decir que, como soy tan poco inteligente, o tan tonta, no supe absolutamente nada de los negocios de mi marido. Que había dinero. Lo había. Que había buenas naves. Las mejores. Pero yo ya le digo, a inteligencia no gano a nadie.

    ¿El origen del dinero, de las naves, de las sustancias esas con las que se divierten inocentemente los jóvenes? Pues ya le digo: Muy inteligente no soy.

    Yo estaba a mis cosas: Gastar dinero, dar vueltas con mis compis-moloneras, llevar una vida disoluta como todos en el fondo deseamos.

    Mire, míreme bien. ¿Acaso usted no desea en el fondo llevar una vida como la que yo llevo? ¿Acaso usted no me desea?

    Pero, primero, mire, míreme bien.

    El juez así lo hizo, prestando más detalle a todo lo que en su imaginación empezaba a surgir por la falta de sangre (también llamada líquido hidráulico).

    —Su señoría, yo, de tan poco inteligente que soy, construyo mis pensamientos con anacolutos. Pero, usted, como magistrado bien sabio y bien estudiado, y bien de cuerpo para la vejez que lleva encima, usted sabe que eso de que la justicia es igual para todos es sólo un lema publicitario. Yo, siendo profundamente estúpida, arrebatadoramente imbécil, completamente estulta, sé que la justicia no es igual para todos.

    Mire, míreme bien. ¿Acaso el desguace no es el destino de los robotos pobres y de las robotas feas? ¿Acaso, sea sincero, usted no me desea?

    Pero, primero, mire, míreme bien.

    Y así fue como una robota, por su don de palabra, salvó su vida.

  • MV-61-Charangas Autónomas

    ¿Aún no tienes una charanga autónoma? ¿En serio?

    Hola, ¿qué tal? Bienvenidos a “Mi vida en un minuto”, una sección semiautónoma del proyecto ref5504.

    Te despiertas con tu música molona.

    ¡Qué bien!

    ¡Qué chachi!

    ¡Qué de energía!

    Vas al insti, al trabajo, al juicio final, y vas escuchando tu música molona.

    Con sus canciones, sus cantantes, sus locurillas molonas.

    Porque a ti te va todo lo comercial, o todo lo anticomercial, o todo lo que sea tan auténtico y original como tú.

    ¡Qué bien!

    ¡Qué chachi!

    ¡Qué de energía!

    ¿A que sí?

    ¿A que va a ser que no?

    No, no, no está bien, no está chachi…

    ¿A que lo has notado?

    Ya no está de moda escuchar la música de la radio.

    No.

    Y mucho menos escuchar alguna plataforma digital que te ofrece canciones en cantidades industriales.

    No.

    (Lo de crearte tu propia lista de reproducción ya no merece ni una broma extremadamente mala)

    ¿Y ahora qué vas a hacer?

    Ahora que has alcanzado el conocimiento, la verdad última sobre la música.

    ¿Y ahora qué vas a escuchar?

    Pues para dar respuesta a lo que tú no necesitas te presentamos “Charangas autónomas”.

    Con “Charangas autónomas” una colección aleatoria de animales lo suficientemente drogados interpretarán las melodías que más necesites en cada momento.

    ¿Que estás de bajón? Pues igual un mono trompetero, un cocodrilo cantante y cinco ocelotes coristas te interpretan una versión tan alocada del “Cumpleaños feliz” que o se te pasan todas las penas por las risas o por tirarte a un volcán.

    Tendrás, en un momento, la canción perfecta para despedirte del trabajo, para enamorarte de la dependiente de patatas fritas, o para iniciar una contrarrevolución improbablemente exitosa.

    Con “Charangas autónomas” la banda sonora de tu vida será de película.

    Si la letra de todas tus canciones incluye “siempre sintonizo ref5504 en mi selector de frecuencias”, conseguirás que todos tus seguidores te den mucha más pasta.

    ¡Enhorabuena por llegar hasta aquí! Si te ha molado en plan chachi piruli este vídeo, puedes darle a “me gusta”, sugerir en los comentarios otros productos que te puedan interesar, suscribirte y darle a la campana de notificaciones. Incluso si eres un robot robot, puedes visitar la página de este proyecto. Pero ¿qué página?

    ¡Qué bien!

    ¡Qué chachi!

    ¡Qué de energía!

    ref5504, gran empresa, mejores clientes.

    Grrrrrrrr.