• MV-65-Vendedores de esperanza

    Con ciento veinte años tú también puedes ser el nuevo niño prodigio.

    Hola, ¿qué tal? Bienvenidos a “Mi vida en un minuto”, una sección semiautónoma del proyecto ref5504.

    Te apuntas a un curso de naves espaciales porque está de moda.

    Llegas, te pones el mono, el casco y la instructora te cala en el minuto uno.

    -Ey, chavalito, se nota que tienes un don natural para esto.

    ¿Para qué? ¿Para los cursos de naves espaciales? ¿Para parecer un panoli?

    Durante la siguiente media hora te está diciendo que:

    -Se nota que esto es lo tuyo. De verdad, yo sé de lo que me hablo.

    Claro que sabe de lo que se habla porque pagas ese curso. Y el de profundización. Y el de vuelta a la superficie.

    Y te pasa lo mismo con el curso de naves espaciales, con el de alpinismo moral, con el de aprender lo que ya has aprendido.

    Es decir, estás apuntado a un montón de cursos en los que, casualidades de la vida, todos los entrenadores, maestros, gurús te dicen:

    -Ey, chavalito, se nota que tienes un don natural para esto.

    Pues ya es casualidad, ¿no?

    ¿No?

    Igual es que no.

    Pues no.

    Te doy a elegir dos opciones: o es que pareces un panoli al que sacar toda la pasta que quieran; o alguien te ha regalado el producto “Vendedores de esperanza”.

    Con “Vendedores de esperanza” nuestra querida empresa ref5504 ha logrado cubrir el vacío vital de muchos de los robots que habitan este sistema.

    ¿De niño querías ser trompetista en una banda militar? Pues ahora, con setenta años, puedes empezar a tocar la trompeta y te garantizamos que tu maestra dirá que tocas mejor que los de las murallas de Jericó.

    ¿Que tu vecino es arrocero profesional y a ti te da mucha envidieta? Aunque se te haya pasado el arroz antes de ponerlo en el fuego, el maestro de “Cocina para centenarios” te felicitará por la buena mano que tienes con los pucheros.

    No te quedes sin tus halagos interesados y prueba “Vendedores de esperanza”. Te garantizamos que lograrás llenar todas tus carencias afectivas y vaciar todos tus bolsillos.

    Si te apuntas al curso “ref5504 me ilumina el corazón y las orejas”, conseguirás gastar un doscientos por ciento menos en la factura de la luz.

    ¡Enhorabuena por llegar hasta aquí! Si te ha molado en plan chachi piruli este vídeo, puedes darle a “me gusta”, sugerir en los comentarios otros productos que te puedan interesar, suscribirte y darle a la campana de notificaciones. Incluso si eres un robot robot, puedes visitar la página de este proyecto. Pero ¿qué página?

    ref5504, gran empresa, mejores clientes.

    Grrrrrrrr.

  • MV-64-Refugios portátiles

    ¿Quieres evitar una lluvia de bombas atómicas? ¡Buena elección!

    Hola, ¿qué tal? Bienvenidos a “Mi vida en un minuto”, una sección semiautónoma del proyecto ref5504.

    Enciendes la tele.

    Enciendes la radio.

    Enciendes tu selector de Visiones favorito.

    Y….

    ¡Bombas!

    ¡Atómicas!

    ¡Destrucción!

    ¡Caos!

    ¡Mutaciones!

    ¡Plátanos!

    ¿Cómo has sido capaz de vivir en la inopia? Es más, ¿de vivir en el número 6 de la calle de la inopia?

    Porque… porque te lo han dicho, muchacho.

    -Habrá bombas. Y serán atómicas. Y serán apocalípticas.

    ¡Madre de dios y del amor hermoso! Miras al cielo y está despejado.

    Despejado, pero ¿quién te asegura que no vienen a por ti cientos de miles de millones de bombas atómicas? Cientos de miles de millones de bombas atómicas que se dirigen, con determinación misilística, a tu pueblo/ciudad/país de importancia nula.

    De importancia nula salvo en las ligas mayores de petanca donde esa importancia es doblemente nula.

    ¿Que eso es imposible matemáticamente hablando?

    No te pongas tiquismiquis y recuerda los cientos de miles de millones de bombas atómicas que están a punto de llamar a la puerta de tu casa como un cartero cualquiera.

    ¿Y qué vas a hacer?

    ¿Vas a apagar la tele, la radio, tu selector de Visiones favorito?

    ¿Vas a dejar de consumir tu dosis de sufrimiento garantizado?

    ¡Venga ya!

    Por eso, en ref5504 nace el producto “Refugios portátiles”.

    ¿Tienes miedo a una lluvia de bombas atómicas? Pues te metes dentro y ya.

    ¿Te pilla una lluvia de rayos ultracósmicos en mitad de tu campo de caracoles? Sin problema.

    ¿Te cae una bronca descomunal de tu jefe/pareja/profeta? Abres la puerta del refugio y, mientras te tomas un chocolate bien caliente, ves por la ventana toda la lluvia de espumarajos.

    Usa “refugios portátiles” de ref5504 y ponle un chubasquero a tu alma.

    Si construyes tu refugio en la urbanización “ref5504, ¿dígame?”, conseguirás un jardín de flores aladas.

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    ref5504, gran empresa, mejores clientes.

    Grrrrrrrr.

  • MV-63-Árboles Bonitos II

    Cuantos árboles están solos esperando tu abrazo, esperando tu cariño.

    Hola, ¿qué tal? Bienvenidos a “Mi vida en un minuto”, una sección semiautónoma del proyecto ref5504.

    Recuerda tu niñez.

    ¡Atrévete!

    Recuerda cuando ibas con tu padre, tu madre, tu primo imaginario, y el resto de la familia; cuando ibas con ellos al bosque, a sentirte parte de la naturaleza, de la naturaleza más real, más natural.

    Ibas a sentir el abrazo del agua en el arroyo, a sentir el abrazo de las zarzas al recoger las moras, a sentir el abrazo de un árbol que estaba allí para ti y tú estabas allí para él.

    ¿Te acuerdas?

    ¿Por qué?

    ¿Por qué ya no lo haces?

    ¿Por qué eres un traidor a la naturaleza?

    ¿Por qué has escondido tus miedos, tus frustraciones, tus incapacidades en esa masa de metal y cemento que es una ciudad?

    ¿Por qué?

    ¿Por qué te has convertido en un cobarde?

    ¿Y por qué no te apuntaste a nuestro producto “Árboles Bonitos I: Cuando los olmos encuentran tu alma”?

    Porque no te apuntaste.

    Y no me vengas con películas.

    Desde ref5504 hicimos un sacrificio enorme para que nuestros clientes volviesen a ser tan naturales como un yogur natural no azucarado.

    ¿Y qué conseguimos?

    Nada.

    El silencio.

    El fracaso de una de las mejores iniciativas que se hayan hecho por cualquier ser avanzado de este y de otros cosmos.

    Pero, en vez de recrearnos en el dolor, desde ref5504, y usando una dosis más amplia de plural mayestático, os ofrecemos un nuevo producto aún más revolucionario:

    Árboles Bonitos II: Vuelve a sentir el abrazo de la natural Naturaleza.

    Y sí, que no te dé vergüenza ir ahora mismo al parque y darle un abrazo a ese platanero que se siente solo, abandonado, aplatanado.

    Apúntate a “Árboles Bonitos II” y pilla la bici, y vete a la chopera más cercana que tengas, o a la Selva Negra, o al Amazonas Ultraamericano y no pares de abrazar a todos los árboles que encuentres, a todos esos compañeros del alma que, ahhhhhhh, haaaaa, comparten su aliento contigo para que tú puedas vivir.

    Apúntate a “Árboles Bonitos II” y vuelve a sentir el abrazo de la natural Naturaleza.

    Si te subes a un árbol y no sabes bajar, grita “¡ref5504, siempre al rescate!” y te enviaremos una motosierra*.

    *Motosierra no apta para hacer malabares con ella.

    ¡Enhorabuena por llegar hasta aquí! Si te ha molado en plan chachi piruli este vídeo, puedes darle a “me gusta”, sugerir en los comentarios otros productos que te puedan interesar, suscribirte y darle a la campana de notificaciones. Incluso si eres un robot robot, puedes visitar la página de este proyecto. Pero ¿qué página?

    ref5504, gran empresa, mejores clientes.

    Grrrrrrrr.

  • Historias de robots 3-10

    Hubo una vez una robota que, por cuidar una planta, terminó con un mono.

    Nunca se le habían dado bien los animales, ni las plantas, ni los microorganismos. Siendo claros: No se le daban bien los seres vivos y ya.

    Tuvo un perro pastor eléctrico, de esos molones que salen en las revistas de chicas guapas, y casi se le electrocuta al caerse en la bañera.

    Pasó a una oveja eléctrica, certificada con cero mantenimiento-cuidado-problemitas, y casi se le electrocuta al caerse en una bañera. Y eso que la bañera, sabiendo lo que le había pasado al perro, ya la tenía vacía y rodeada por una valla. Pues la bendita oveja debía de ser campeona olímpica de salto sin pértiga porque allí apareció.

    Le regalaron un ficus eléctrico, con unos paneles que absorbían cualquier fotón despistado que pasase cerca para que ella no tuviera que cuidarlo, con garantía de poder sobrevivir a cuatro guerras termonucleares de destrucción garantizada, y casi se le electrocuta al caerse en una bañera.

    Sí la misma bañera de siempre, pero que ya no saldrá más en la historia porque, después de lo del ficus, decidió instalarse una ducha.

    Una araña temeraria entró en la casa de la robota y… murió.

    Y un mosquito buscándose la vida y… murió.

    Y un virus informático… y murió.

    Por eso, cuando le regalaron una planta, dijo:

    —Que no quiero, que se me mueren todos los bichos.

    En principio, parecía una planta normal, con sus hojas, con su tallo, con sus raíces para captar las corrientes eléctricas de la tierra; en resumen, una planta normal.

    Tan normal que no salía en revistas molonas, ni tenía certificados sobre su mantenimiento, ni tenía garantizado sobrevivir a una guerra o a una bañera.

    Quizá por sus experiencias previas, no le hizo el más mínimo caso; y quizá por no hacerle el más mínimo caso, no se enteró de que le había salido una nueva rama, con sus hojas, y su caseta de pájaro carpintero.

    Se enteró cuando el pájaro carpintero le picó entera una pata de la cama. Tras el golpe contra el suelo, dijo:

    —¿Qué?

    Podría haberle causado extrañeza ver al pájaro, pero lo que realmente la dejó atónita es que estuviera vivo.

    —¿Qué hace un pájaro vivo en mi casa?

    El pobre bicho se asustó y se fue volando.

    —Sí, sí, no te lo dije. Como frutos, esta planta produce pájaros carpinteros. No te preocupes. Ahora mismo te mando la solución.

    Su amiga, la que le había regalado la planta, la que le acababa de explicar por teléfono el origen del pájaro, le mandó un paquete y esta vez sí que llevaba una pequeña nota:

    —Sirve para controlar a los pájaros.

    Abrió la caja y sacó a un…

    —¿Un mono? ¿En serio?

    El mono, en cuanto vio la planta, que ya tenía más ramas con las yemas de nuevos pájaros carpinteros, saltó hacia allí y empezó a comérselos.

    —A-lu-ci-no.

    En un momento, el problema de los pájaros carpinteros estaba solucionado.

    Lamentablemente, el mono, cuando no tenía que comer, se ponía a cantar canciones de la tuna:

    —Oh, vida que me tienes en vilo. Oh, vida mía. Oh, oh, oh.

    Tras medio minuto aquello era insufrible… Y su amiga le mandó el remedio:

    —¿Una cacatúa?

    —¡Una cacatúa!

    En un momento, el problema del mono tunero estaba solucionado y empezaba el problema de la cacatúa.

    Y vino un tardígrado.

    Y, por el tardígrado, vino un camaleón.

    Y, por el camaleón, vino lo que vino hasta que la casa de la robota se llenó de vida y alegría. Bueno, más vida que alegría, y más zoológico que casa. Bueno, pequeñas aclaraciones sin importancia.

    Así fue como una robota, por cuidar una planta, terminó viviendo en una selva con su propia tribu de robots aborígenes.