Etiqueta: retazos

  • retazo46

    Un día, quizá sin previo aviso, un fantasma del presente te golpea, te tumba, te deja tirado a un lado del camino que ya no quieres volver a vivir. Entonces, ese fantasma llama a todos los fantasmas de tu pasado, a todos sin dejarse uno, siendo increíble la agenda tan completa y bien organizada que ha conseguido. Si no fuera dolorosa la situación, podrías pedirle el secreto para ser capaz de tanta eficacia, tanta profesionalidad al invitar a todos: colecciones de dolores de la infancia se presentan aunque ya nadie se acordaba de ellos; deseos deseantes de futuros no vividos, de amores no conservados, y de bocadillos de jamón que se quedaron sin ser comidos; al menos, por ti. Con tal capacidad de organización, de guía, de búsqueda total del sentimiento para atrapar a su público, ese fantasma del presente podría derrotar en combate a tantos fantasmas que aparecen en portadas de revistas y cacerías de premios.

    Pasan a tu lado otros caminantes que, muchos de ellos movidos por intentar espantar a un fantasma que ni ven ni comprenden, intentan que te animes, que vivas, pero ese dolor que no sufren directamente no reclama su reino en su cuerpo. Da igual que ellos hayan padecido de desgracias similares, se olvidan; da igual que, si consigues levantarte y continuar andando, te los vayas a encontrar tirados igual que tú estás porque sucederá en un futuro que ahora ninguno de vosotros veis; probablemente. Te dicen que tus fantasmas no son tan fantasmas porque les faltan las cadenas, que incluso han visto a uno de ellos con una sábana de cuadros en vez de la más tenebrosa blanca; te hablan de lejanos castillos donde habitan realmente fantasmas reales y no fantasmas irreales como los tuyos, fantasmas de verdad con sus almas en pena de los que dan miedo, de los que se podría hacer una película de terror que hiciese lloriquear a la más brava de las patatas bravas; te explican que tus fantasmas son unos tirillas de la vida en el gimnasio del sufrimiento y que tienes que relativizarlo todo porque fíjate en el fantasma del dolor que ha ganado el Mister Olimpia de este año, que eso sí que es dolor dolor, que una foto suya ha llenado portadas de periódicos y revistas mundiales.

    Mientras tanto, tu fantasma afirma con la cabeza pues, su circo de fantasmas, ha encontrado a un nuevo miembro.

  • retazo45

    Su cometido era transmitir una inteligencia a otra parte del universo usando pulsos de fuerza. Eso es lo que le habían dicho, aunque él no entendía gran cosa. Allí estaba, orbitando la Tierra en una nave que, como era la primera en lo suyo y tampoco quedaba ni tenía que quedar muy claro qué era lo suyo, estaba camuflada como una estación de vigilancia del sistema de protección contra asteroides.

    Los grandes cerebros sintéticos habían desarrollado un sistema con el que creían que Nosotros podríamos expandirnos por el Universo más rápido de lo actual. Todo esto le sonaba extraño, tan extraño como fue su proceso de selección:

    -Levántese y deje sus pertenencias en la entrada de la oficina. Allí le acompañarán a su nuevo destino.

    Le resultaba complicado entender cómo era el sistema normal de Expansión Cósmica, pero, al menos, lo podía explicar: en vez de mandar las naves a grandes distancias, se manipulaban con pulsos de fuerza grupos de átomos para crear los objetos en destino. Sin embargo, en el nuevo sistema no se manipulaban átomos lejanos con pulsos de fuerza, sino que se modificaban las condiciones de un lugar remoto para transmitir allí una inteligencia. Eso es lo que uno de los cerebros sintéticos le había respondido a sus preguntas. Ni le quedó muy claro ni quería saber mucho más.

    Al fin todo estaba preparado. Recibió la orden de iniciar el proceso y, tras pulsar el botón, su mente se encontró flotando cerca de otro sistema planetario. Era un comienzo, era su comienzo.

  • retazo44

    Puede que lo consiga o no, no tengo ni idea y nadie la tiene; salvo algunos dioses, como es normal.

    Empezaré mil proyectos pequeños, con mil deseos pequeños, con mil objetivos pequeños, sin ganas de que ninguno de ellos, ni proyectos, ni deseos, ni objetivos, se haga demasiado grande ocupando tanto espacio en mi vida que se convierta en ésta. O quizá descubra que alguno es básico para darme sentido, que es más yo que yo, pero eso será en un futuro que no tengo ganas de conocer hasta que viva en él.

    Falta de compromiso, falta de interés, falta de valentía, falta de mí; puede que tenga toda esa combinación de factores del fracaso y más. Y más. ¿Y qué? Si tienes esa combinación nunca conseguirás el éxito, pero triunfar no es obligatorio. No lo es. Puede que sea una consolación para perdedores, pero triunfar no es obligatorio. Triunfar no es obligatorio para triunfar y, muchas veces, es contraproducente. Si la consolación primera podría interpretarse como un motto para perdedores, la segunda lo sería para perdedores empedernidos autocomplacientes; desarrollarla es harina de un costal que no quiero llevar a cuestas en este retazo.

    He empezado mil proyectos pequeños, con mil deseos pequeños, con mil objetivos pequeños, que pueden dar lugar a mil fracasos pequeños que sean más grandes que un éxito grande, que llenen una vida más que un éxito grande que no me llena.

    Suena bien, se escribe bien, espero vivirlo bien.

  • retazo43

    Naces, te ponen un nombre, te ponen unas ropas, te enseñan las verdades que te guiarán para sobrevivir, para sobrevivir momentáneamente en este naufragio continuo que es la vida. Y, lo que muchos consideramos como un regalo, ella lo tomó como un secuestro, bienintencionado, pero secuestro al fin.

    Cambio su nombre, su trabajo, su hogar, cambio las verdades que le habían convertido en un ser coherente, en alguien que no traicionaba nunca sus ideales y nunca cambiaba de chaqueta. Aunque esa chaqueta se le hubiese quedado pequeña, dejando al aire su tripa, encorsetando sus brazos libres; o fuese fruto de una moda pasajera que ahora ya no le protegiese de las inclemencias de la realidad; o, simplemente, estuviese llena de agujeros por el paso del tiempo y las polillas del alma, y llena de manchas morales que, tomadas por otros como recuerdos de su compromiso, no eran para ella más que el resultado de una falta de higiene espiritual.

    ¿Y qué dijeron? Pues que era otra persona, que había traicionado sus ideales, que la vida se le había subido a la cabeza. Y era verdad en todo. Y era verdad en todo porque ella ya no estaba en un naufragio continuo donde se necesitan los salvavidas de respetar tu nombre, de vestir siempre las mismas ropas llueva o nieve, de venerar las mismas verdades que calmen nuestro sufrimiento. En suma, ella estaba viva al fin.