Etiqueta: retazos

  • retazo50

    Podría comprarte el mayor ramo de flores no comestibles que hayan creado en este mundo, o un anillo resplandeciente con una montaña como piedra preciosa que tardásemos varios días en escalar; podría hacerlo, serían para ti, y más para mí, al dártelos. Me imagino que, sonriente, contestarías: “Muy bonito y romántico, pero ¿mi baile?”

    Podría decirte que por ti detendré el tiempo para que dejemos de coleccionar arrugas y canas, que la gravedad no tendrá un efecto acumulado en nuestros cuerpos, que siempre serán felices y jóvenes; podría decirlo, es fácil y su factura no es inmediata. Me imagino que, sonriente, contestarías: “Muy bonito y romántico, pero ¿mi baile?”

    Así que, te compre lo que te compre, te diga lo que te diga, me pondré a bailar asincrónicamente en mitad de un camino que conduce a un pueblo que siempre vive en carnaval, o en unos soportales del centro de una ciudad cualquiera en la que combatamos el frío del invierno con un café helado. Me pondré a bailar asincrónicamente para que entre tu vergüenza nazca una sonrisa, sabiendo que habrá mentira en tus palabras al pedirme que no baile.

  • retazo49

    Con la camiseta amarilla, el pantalón azul, el 1 a su espalda. Se levanta sobre sus torres que protegen mi tierra, mi planeta, que forman una muralla junto a sus guantes para detener los meteoritos que el universo me lanza, despejados de puños o con un escorzo que culmina en el último centímetro de sus botas.

    Con la camiseta amarilla, el pantalón azul, el 1 a su espalda. Dirige a su defensa para que no pase nadie y menos nadie con un balón, aunque esté dormido en un tren que lo lleva a una ciudad lejana, aunque esté visitando a unos familiares condenados a varias muertes, aunque trabaje de niño en una cerámica.

    Con la camiseta amarilla, el pantalón azul, el 1 a su espalda. Sonríe ante todos los que marcamos goles en la bondad sin ser buenos más que por parecer ser buenos, porque es nuestro amo quien lo ordena; sonríe porque sabe que la realidad es esperpento empaquetado en nobles ideas y nobles palabras.

    Con la camiseta amarilla, el pantalón azul, el 1 a su espalda.

  • retazo48

    No quiero volver a pensar en ello, pero es lo único que me queda ahora. Nada más. Nada más que recuerdos que me hacen llorar aunque no los quiera evitar, aunque no los quiera olvidar. Recuerdo subir una y otra vez las escaleras de un hospital para encontrar algo que no quería encontrar, pero que cuando deje de encontrar, eché de menos. De una manera egoísta, eché de menos. Aunque odiase subir las escaleras para encontrarme con lo que me iba a encontrar, echo de menos esas escaleras. Coger el autobús, remontar las calles hasta llegar al hospital y subir las escaleras.

    Subir las escaleras, estar, estar, estar, pulsar el interfono para llamar, por última vez y con más entereza de la esperada, a control:

  • retazo47

    Automatizar la vida para que sus vaivenes no me hagan perderla, perderme, perderme lejos de ella.

    Tener rutinas con indicadores que sean objetivos y sirvan de agarre para mantenerlas, para que cuando un demonio pequeño, un pequeño dolor, me haga bambolear de un golpe no pierda la estructura de mi existencia; para que cuando un demonio pequeño me golpee y convoque a todos los fantasmas no muertos de mi pasado, y yo quiera huir de mí para siempre, tenga una rutina que sea, en ese momento, yo, que yo sea el cuerpo de una rutina que impida que los fantasmas pasados y futuros me conquisten haciéndome caer en su esclavo.

    Convertirme en una rutina de rutinas que me sirvan de protección contra los vaivenes que hay en mí.