Autor: ref5504

  • Libertina es la leche

    Buenas, libertinos. Hasta ahora hemos hablado de nuestros proveedores de trigo, verduras y hortalizas que nos proporcionan los ingredientes básicos que utilizamos en nuestro obrador. Hoy os explicaremos por qué, para elaborar nuestras pastas, confiamos en la quesería de productos lácteos artesanos Torreconde.

    Como ya sabéis, para nosotros es muy importante colaborar con proyectos que busquen un desarrollo sostenible, de calidad, y que respete el medio ambiente. Creemos que las pastas de Libertina tienen que dejarnos un buen sabor en la boca cuando disfrutamos de ellas en nuestros platos; y, también, un buen sabor cuando pensamos cómo han nacido los ingredientes que las componen. Por eso, al conocer las características de Torreconde, supimos que casaban perfectamente con nuestro proyecto.

    En Muel está situada la vaquería ecológica de los hermanos Javier y Juan Sanz. Cuidando de la alimentación y bienestar de sus animales, consiguen una leche con una calidad y frescura que no tenemos en las grandes marcas. Posteriormente, esta leche se traslada a la quesería de La Puebla de Alfindén donde elaboran yogur y quesos frescos, semicurados y curados.

    Si os apetece probar la leche, el yogur o el queso de la vaquería Torreconde, os animamos a que visitéis el mercado agroecológico de la plaza del Pilar de Zaragoza, donde los encontraréis los sábados. Si no podéis ir, también tenéis la opción de comprarlos en su propia tienda en la calle Cesaraugusto.

    Bien, ¿y en qué pasta de Libertina los tenemos? Si habéis probado los ravioli de remolacha rellenos de borraja con queso, ya lo sabéis. El queso curado de Torreconde consigue combinar con el resto de ingredientes de una manera armoniosa, a la vez que deja su propio toque en nuestro paladar.

    ¿En qué receta los habéis utilizado? Nos podéis mandar vuestros platos a nuestro instagram para ponernos los dientes largos.

    ¡A comer!

    Una colaboración de ref5504 para Libertina y sus pastas.

  • retazo54

    Suena una flauta con notas negras y, después, un timbal. Todo queda en silencio.

    Las saetas pasan a su alrededor buscando un cuerpo que no pueden encontrar; mientras, en la lejanía, aparece una bola de fuego que se le va acercando. Oye lamentos de los que han sido alcanzados por ella.

    Apoya. Gira. Algo le roza. Vive. Salta. Queda en el aire en suspenso con un ejército bajo sus pies. Avanza. Avanza. Más rápido. Frena. Quiebra. Una lanza cruza justo por donde él tendría que haber pasado.

    Si todo fuera como tiene que ser, si todo fuera lógico lejos de los milagros, él estaría muerto, con su cuerpo devorado por perros, con su cabeza clavada en una pica. Pero hoy no sucede lo que sucede en el mundo real.

    Danza con su cuerpo en coreografía ante espectadores que no aprecian sus movimientos. Una espada contra su armadura, un último quejido como respuesta del atacante. Se acelera, él se acelera y el resto del mundo parece que ha quedado atrapado en un tiempo viscoso.

    A su alrededor todo se difumina quedando la realidad trasformada por una capoladora.

    Danza. Avanza. Fluye.

  • Libertina y las hortalizas

    Hola de nuevo. Continuamos con una serie de artículos en los que os queremos explicar los ingredientes de las pastas de Libertina. En una entrada anterior vimos su componente básico, el trigo, y en esta os vamos a hablar un poco de los alimentos que utilizamos provenientes de la huerta de Zaragoza.

    Dos son los motivos principales que nos hacen centrarnos en estos productos zaragozanos: el primero, su cercanía a nuestra empresa, lo que nos permite apostar por un comercio de proximidad; y el segundo, un grupo de personas que están revitalizando esta huerta bajo unas premisas de calidad y responsabilidad social y ecológica.

    Aunque los productos de la huerta de Zaragoza han sido el sustento básico desde la fundación de esta ciudad, en las últimas décadas se ha reducido drásticamente su consumo por los cambios que ha habido en la industrialización de la agricultura y la distribución de los alimentos.

    Sin embargo, desde Libertina, apostamos por la calidad de estos productos y por la gente que está llevando a cabo un gran trabajo en recuperar nuestra huerta.

    Por eso, uno de nuestros proveedores es Sabores próximos. Esta empresa nace en 2011, con un pequeño grupo de agricultores que se guían por tres principios: la venta directa, el uso de tecnologías sostenibles, y la recuperación de sabores y variedades que han estado presentes en la huerta zaragozana. Gracias a estos valores consiguen unos cultivos de gran calidad respetando nuestro entorno.

    Sabores nos entregan, principalmente, remolacha, borraja, calabaza y cebollas que utilizamos, por ejemplo, en los raviolis de borraja rellenos de calabaza, y en los udones de borraja. Además, para que veáis el grado de proximidad que hay entre nuestros proyectos, desde los campos de Sabores hasta la sede de Libertina no hay ni siquiera cinco kilómetros de distancia, aportando un extra de frescura y sabor que difícilmente podríamos encontrar con otros ingredientes.

    Lo dejo por hoy porque se me ha abierto el apetito, así que me voy a preparar un buen plato de pasta al que voy a añadir un poco (o un mucho) de queso, pero ¿qué queso utilizamos en Libertina? Ahá, ese misterio lo dejamos para el próximo capítulo.

    ¡A comer!

    Una colaboración de ref5504 para Libertina y sus pastas.

  • retazo53

    Ha acabado en una oficina llena de elementos de oficina, en un trabajo odioso con elementos odiosos, rodeada de personas que se escaquean y medran; se ponen de lado y medran; medran y medran y vuelven a medrar. Y rodeada de responsables que son responsables por ser unos responsables que se dejan responsabilizar. Muchos de la primea categoría piensan que están en la segunda; muchos de la segunda no piensan que están en la segunda.

    Mecánicamente, da a la tecla de intro.

    Va a la sala de descanso donde la costumbre del lugar es entretenerse con cuánto trabaja cada uno de los entes allí reunidos, y de sus viajes, y de sus vidas; pero también, en especial, de las vidas de otros que no están. De si fulanita de actividades lúdicas se escaquea todo lo que puede, aunque el que habla no expone lo que se escaquea él; de si menganito de recursos humanos ha hecho las cosas mal y hay que tragarse no sé cuántos marrones, aunque la que habla no les recuerda a sus confabulados todos los marrones que otros se han tragado por ella.

    En silencio, se termina su té.

    Vuelve a un ordenador en el que no hay enlaces a páginas deportivas, en el que no hay enlaces a tiendas de ropa; ni siquiera ofertas conjuntas de viajes en el último momento combinados con remedios contra la calvicie en el último momento. Nada, no hay nada más que las herramientas que necesita para terminar su tarea en el plazo acordado.

    Esa limpieza de distracciones hace que la coordinadora del proyecto la llame a su oficina con una oferta como las que ha tenido hasta ahora: Más trabajo, igual dinero. Porque todos saben que pueden confiar en ella, que hará bien su trabajo. Y esa forma de ser suele tener la recompensa de trabajar más, ser responsable de más cosas y, por supuesto, cobrar lo mismo.

    Pero, esta vez, la coordinadora se sorprende, no entiende lo que está pasando. Le acaba de decir que va a ser la encargada de una nueva tarea, que sólo los más capaces son dignos de tal honor, y su empleada, como respuesta, ha puesto una hoja sobre el escritorio. No lo entiende. Es un proyecto magnífico con el que soñaría cualquier trabajador de esa casa y la contestación es el preaviso de que se marcha a otro empleo.

    Inconcebible.