Autor: ref5504

  • Libertina: Raviolis de remolacha

    Raviolis de remolacha rellenos de borraja con queso Torreconde

    Buenas de nuevo, seres libertinos. Como sabéis, nos gusta colaborar con otros proyectos que cultivan o elaboran ingredientes ecológicos que podamos añadir a las pastas de Libertina. En esta receta, no nos hemos tenido que ir muy lejos: Tanto las verduras como el queso las podemos encontrar a menos de cinco kilómetros de nuestro obrador.

    Pero, antes de empezar con la receta, os vamos a contar cómo surgieron los raviolis de remolacha rellenos de borraja con queso Torreconde.

    Sicilia, 1920… Ehmmm, no, creo que me he equivocado de historia. Vuelvo a intentarlo.

    Zaragoza, 2018. Llevábamos en mente hacer unos raviolis con la remolacha y borraja que cultivan nuestros amigos de Sabores Próximos, pero nos seguía faltando un toque especial para lo que queríamos conseguir. No sabemos si intervino nuestra hada madrina, pero casi: Javier, de Torreconde, nos llamó porque quería que probáramos un nuevo producto que iban a empezar a vender. En cuanto el queso curado entró en nuestra boca, lo supimos: Esa textura y sabor a parmesano era lo que nos faltaba.

    Y así nacieron.

    Muy bien, bonita historia, pero aquí hemos venido a comer. ¡Pues adelante!

    ¿Qué necesitamos?

    1. Raviolis de remolacha, rellenos de borraja y queso Torreconde. Esos, los nuestros.
    2. Ajo seco o ajo tierno cuando sea temporada.
    3. Espárragos verdes.
    4. Tomate en dados.
    5. Jamón serrano.
    6. Aceite.
    7. Un poco de sal.

    ¿Cómo lo hacemos?

    1. Preparamos un refrito con ajo, tomate en dados y jamón serrano.
    2. Cuando lo tengamos casi hecho, hervimos durante tres minutos los raviolis.
    3. Sacamos los raviolis con una espumadera y los echamos en la sartén del refrito.
    4. Les damos un par de vueltas y los emplatamos.
    5. Opcional: Protegemos nuestro plato con una muralla de vasos, pan y energía mágica para que el resto de comensales no intenten robarnos nuestro tesoro. Es nuestro. Nuestro tesoro.

    En unos diez minutos, hemos preparado un plato sano y delicioso, utilizando ingredientes que proceden de proyectos que contribuyen a un desarrollo sostenible y ecológico. Además, esta receta es muy fácil de hacer y ya sabemos que las cosas sencillas suelen ser las mejores.

    Nos vemos en el próximo texto, seres libertinos.

    ¡A comer!

    Una colaboración de ref5504 para Libertina y sus pastas.

  • retazo58

    -El amor es como el chocolate: Aquellos que dicen amarlo prefieren echarle toneladas de azúcar para intentar ocultar su amargura.

    Un galán maldito en una película de época. En una película de esas que necesitas alguna carrera universitaria para entender, al menos, su título.

    Una damisela cariacontecida, aplastada por el peso de la vida y no por el deseado peso de su galán maldito y rebelde, una pobre muchacha con insomnio que iba en busca de su sueño:

    -Ya lo sé. Amar, amargura, para mí son palabras que significan lo mismo. Yo lo sé.

    Cogidos de la mano ante una sociedad que no los comprende, que no entiende ese amor tan amor que hay en ellos. Cogidos de la mano mirando a una cámara que captura en alta definición todo su sufrimiento, cada onza de dolor que supura en estéreo por sus labios.

    Pero todo da un giro con muchos grados de alcohol, no de unos míseros 360, sino de unos rutilantes y novedosos 540 para conseguir una película con un romanticismo al cuadrado: romanticismo sufriente, del que lucha para perder contra un mundo injusto e inmisericorde; romanticismo acaramelado, del que cree que el amor superará cualquier dificultad que se le oponga.

    El galán maldito, rebelde y científico revolucionario le presenta a su amada la ecuación que les permitirá convertir el vino en edulcorante acalórico, para endulzar su amor sin tener caries de las que preocuparse, para embriagarse con la pasión sin subidas de azúcar que les nuble la mente.

    El galán y la damisela se funden en un abrazo flamígero como figuras de chocolate.

    Fin.

  • Libertina: Ensalada de caserecce

    Ensalada de caserecce de jengibre y cítricos acompañados de salmón macerado con eneldo y vinagreta de mostaza y miel

    Buenas, libertinos. Para rebajar un poco el calor de estos días de verano, siempre es una buena idea recurrir a las ensaladas. Por eso, os proponemos una que os refrescará, os alimentará y, algo que nunca debemos olvidar en la cocina, os gustará. Como habéis visto en el título, los tres elementos básicos son: los caserecce de jengibre y cítricos, el salmón macerado, y la vinagreta de mostaza y miel.

    Ponte el delantal, saca a cualquier distracción de tu cocina (familia, mascotas, contertulios de televisión…), y empezamos.

    Bien, lo primero es marinar el salmón.

    ¿Qué necesitamos?

    Los ingredientes son:

    1. 2 trozos de salmón.
    2. ¾ de una taza de sal.
    3. 1 taza de azúcar.
    4. 2 cucharadas de eneldo fresco (O una, si es seco).

    ¿Cómo lo hacemos?

    1. Lavamos y secamos el salmón. Después, quitamos las espinas.
    2. Mezclamos la sal y el azúcar en un bol.
    3. Echamos una capa fina de esta mezcla de sal y azúcar en un recipiente, ponemos encima un trozo de salmón, y colocamos eneldo sobre él. Lo cubrimos con una capa de sal y azúcar, añadimos más eneldo, y lo volvemos a cubrir todo con una última capa de la mezcla de sal y azúcar.
    4. Tapamos el recipiente con film y lo guardamos unas 24 horas en el frigorífico. Después, quitamos la sal y lo lavamos con un poco de agua fría. Los secamos y ya lo tenemos.

    Primer paso completado. Vamos a por la vinagreta de mostaza y miel. Hacemos una vinagreta con los siguientes ingredientes:

    1. 250 ml de vinagre de manzana.
    2. 250 ml de miel.
    3. 2 cucharadas de mostaza antigua.
    4. 750 ml de aceite.
    5. Sal.
    6. Pimienta.

    Perfecto, ya sólo nos queda el tercer paso: los Caserecce.

    ¿Qué necesitamos?

    1. 1 pimiento rojo.
    2. 1 pimiento verde.
    3. Cebolla tierna.
    4. Tomates cherry.
    5. Caserecce de jengibre y cítricos de Pastas Libertina.
    6. Opcional: Podemos añadir también otra verdura de temporada que nos guste.

    ¿Cómo lo hacemos?

    1. Cortamos los pimientos y la cebolla en pequeños dados; y los cherry, por la mitad.
    2. Cocemos los caserecce durante 2 minutos.
    3. Los escurrimos y refrescamos con agua fría (incluso con un poco de hielo) para detener la cocción.
    4. Volvemos a escurrir la pasta.

    Y aquí se juntan los tres elementos de este plato:

    1. Cortamos en lonchas finas o en trozos pequeños el salmón.
    2. Mezclamos las verduras, los caserecce y el salmón.
    3. Añadimos la vinagreta de mostaza y miel.
    4. Nos comemos un buen plato, ahora sí, acompañados por la familia, amigos, mascotas y, si os atrevéis, los tertulianos de la tele.
    5. Opcional: Nos chupamos los dedos. En principio, cada uno los suyos, pero ya en esto no entramos.

    Esperamos que os haya gustado esta refrescante y saludable receta, os animamos a que nos enviéis a nuestras redes sociales unas fotos de vuestros propios platos (llenos o ya vacíos), y nos vemos en el próximo artículo.

    ¡A comer!

    Una colaboración de ref5504 para Libertina y sus pastas.

  • retazo57

    Me he tomado tus palabras como medicina para mi enfermedad.

    Me has dado los “buenos días” y, para mí, se han transformado todos mis días en buenos, los días de ayer, los días de hoy, los días de mañana.

    No has dicho nada más.

    Como en una avalancha, todo mi pasado se ha cubierto de capas de algodón de azúcar, anestesiando cualquier recuerdo que intente cuestionar que sucedió en un “buen día”.

    Mis horas, minutos, segundos del presente son ladrillos que van levantando una ciudad donde todo funciona, donde nadie sufre, donde tú te sientas a mi lado en un banco del parque.

    Lanzadas al espacio, las naves del tiempo me llevarán a un futuro donde no habrá que alcanzar angustias disfrazadas de deseos, ni miedos reconvertidos en pasiones.

    Recuerdo nuestro presente de ayer, hoy y siempre sentados en un banco del parque. Recuerdo ese banco, aunque no estemos en él. Con la sonrisa que nace de ese parque, te contesto:

    -Buenos días.