Autor: ref5504

  • libertina2

    [Febrero 2019]

    Buenas. Como ya sabéis, en esta sección os queremos ir mostrando un poco más de Libertina. Hoy os hablamos de un nuevo punto de venta pues, china, chana, Libertina va encontrando su hueco en el hogar de otros proyectos con los que compartimos valores.

    Y uno de ellos es Koralium, un supermercado ecológico situado en el número 42 de la Calle San Miguel de Zaragoza, donde, a partir de este enero, tenéis las pastas de Libertina. Estamos muy ilusionados al comprobar que nuestros productos interesan a clientes de un espacio como Koralium.

    Además de la presentación de Libertina y una cata de sus pastas, tuvimos la suerte de contar con Manuel Rodrigo, chef del restaurante Baobab. Nos imaginamos que conocéis este restaurante vegetariano y habéis disfrutado de sus platos. Nosotros nos declaramos seguidores de su forma de entender la cocina. Si no habéis comido allí, dejad lo que estéis haciendo y reservad. ¿Ya? ¿Seguro? Pues hecho esto, os comentamos que Manuel preparó “Abrazos de hojaldre con mente caramelizada” que, siendo completamente subjetivos, nos encantó.

    Aquí tenéis la receta para que la podáis hacer en vuestras casas:

    [Próximamente en ref5504, tu pastelería más empalagosa].

    Nos vemos.

  • retazo31

    Sentado en la entrada de una de las mayores fábricas de robots, pienso en que también he cogido cariño a los humanos. Estoy casi seguro de que esto tiene relación con que, poco a poco, me he ido cogiendo cariño a mí mismo; de notar que los otros humanos vivían las mismas alegrías y tristezas que yo, aunque unas veces escritas con arañas y otras con serpientes, aunque unas veces ellos estuvieran en una trinchera y yo en la contraria, los otros humanos viven las mismas alegrías y tristezas que yo, las mismas aun con distinta forma. Y, al notar su humanidad, he comprendido y aceptado la mía.

    Así que ambos grupos me gustan y, por supuesto, sus mezclas. Me extraña cuando algunos se empeñan en hacer a los robots parecidos a los humanos, limitándolos a parámetros humanos, ¿por qué? ¿Para hacerlos únicamente herramientas de los humanos? ¿Por el miedo a que puedan ser mejores que los humanos que quieran seguir siendo sólo humanos? El mismo miedo de los que rechazan la ciencia porque crea monstruos con los sueños de los humanos, sin rechazar la ciencia que les da de comer y los mantiene con vida. El mismo miedo de los que rechazan a los robots porque esclavizarán a los humanos para… ¿Para?

    Sin embargo, me inquieta la corriente naturalista que busca la esencia propia del ser humano con el fin de crear una sociedad más humana haciendo humanos menos humanos: humanos buenos, pero sin maldad porque la maldad no es humana; humanos correctos, pero sin equivocación porque la equivocación no es humana; humanos robóticos, pero sin humanidad porque la humanidad no es humana. Esa corriente naturalista en la que algunos se empeñan en hacer a los humanos parecidos a los robots, pero sin su animal atractivo.

    No me interesan los humanos naturales robotizados en su alma, no me interesan los humanos que no han pecado, que no han suturado sus vidas con hilos de redención, que no se han visto superados por la realidad. Aunque me gustaría vivir un cielo cercano, con mi alma corporizada en carne, metal, números o cualquier otra opción que me haga expresar un epatado “mola”, si he de elegir un destino sólo humano, prefiero un infierno con penitentes que saben que han pecado a un cielo con santos que saben que otros han pecado.

  • Letras giradas

    Pasmada, patidifusa, parada se queda y no da crédito a lo que está viendo: la letra p que preside su estantería la ha mutado un duende en d. ¡Otra vez! ¡Qué pesado el puto duende de las pelotas, tocando las pelotas, al que le va a cortar las mismas si lo pilla!

    Con un fastidio atenuado porque ya lo ha vivido unas cuantas veces, la gira para que vuelva a ser su letra, su p, perfecta, polisémica, puesta por su nombre. Con los moñacos colgando sus piernas de las baldas de una estantería perfecta, acompañando con libros y cactus a una letra p polisémica, pilar donde pivota la decoración de su comedor y de su vida; con todo ya en su sitio, respira tranquila al fin.

    Arreglado el problema de ortografía, empieza a preparar la cena. ¿Qué hará? ¿Fideua con alioli? ¿Unas patatas al horno? ¿Por qué no atreverse con un tartar de bisaltos sobre reducción de guacamole a las hierbas australianas? Detiene su cerebro un momento y lo rechaza: Pensando en sus invitados, quizá lo más agradecido sean unos macarrones sin gluten ni lactosa de primero, y unas pechugas de pollo empanadas sin gluten ni lactosa de segundo. Donde no hay ninguna duda es en el postre. Aunque quería arriesgar con helado de frambuesa y chocolate derretido, tiene el plato con el que no puede fallar: La Roca. Algo sólido, contundente.

    Ya está: Saca del armario la caja de macarrones y la bolsa de pan sin gluten. Ahora le queda lo más complicado del día, pues tiene que elegir su ropa. Mientras va preparando lo que utilizará para cocinar, piensa en lo que puede ponerse, en las distintas combinaciones que sean adecuadas para la ocasión. Adecuadas y atrevidas. Piensa en su maravillosa boina naranja resumen del buen gusto estético. Atrevida, sí; adecuada, quizá demasiado atrevida.

    Cuando está a punto de intentar rebozar los macarrones, decide que necesita ir a su cuarto para poner sobre la cama las distintas opciones que tiene. Al pasar por el comedor, observa de nuevo la letra p, que sigue siendo una p porque el puto duende aún no ha tenido tiempo para volver a tocar… las narices. Durante unos diez segundos, se queda pensativa sobre lo que significa esa p y, con un poco de sorpresa para sí misma, la gira convirtiéndola en una d que también forma parte de ella.

    Llaman a la puerta.

  • retazo30

    Despreciaré la parte imaginaria buscando la solución real como cuando nos ayudamos de los complejos, al igual que hago con lo que no entra en o contradice mi generalización sobre la vida.

    Me ejercitaré en desarrollos de ecuaciones cortados cuando es menester, al igual que desarrollos de argumentos cortados cuando es necesario… para mí, para no calentarme más la cabeza.

    Modelizaré mi vida y diré que es una esfera; es más, usaré coordenadas esféricas para describir mi ego cuando se infla como un globo, y mi tripa cuando acumula ideas.

    Echaré números sobre mi hilo, aún no cortado, para augurar un futuro que nunca llega; echaré cuentas sobre el negocio que es vivir y un abalorio se formará compuesto de números más negros que rojos.

    Despreciaré la parte imaginaria de la solución por esta vez, la dejaré marchar para quedarme con lo prosaico de la realidad que llena mi estómago y llena mi ser.