Etiqueta: tontolitos

  • tontolito de amor 33

    —Yo te salvaré, pastelito relleno de abrazos.

    Y saltaré.

    Y pelearé.

    Y venceré por ti.

    Pero…

    Sin que me dé cuenta, los malvados me sedarán y despertaré atado a una silla, en mitad de un interrogatorio. Y, para mi sorpresa, no será un interrogatorio cualquiera: Será el mío.

    Que por qué te quiero.

    Que por qué te invito al chino.

    Que por qué te acompaño a los centros comerciales.

    Sin que me quiebren, pensaré en nuestras tardes de paseo, en nuestros rollitos de primavera, en los descuentos que me hacen en tiendas donde nunca he comprado.

    Y resistiré a sus preguntas.

    Y resistiré a sus amenazas.

    Y resistiré a sus torturas por ti.

    Sin que se enteren, me soltaré una mano, y la otra, y un pie, y el otro; y, tras quitarme la mordaza, les atacaré, pero sin mucho éxito porque se me habrá olvidado quitarme la venda de los ojos.

    Así me encontrarás, dando patadas y puñetazos al aire mientras los enemigos siguen pensando si es posible ser tan tonto o todo es parte de una estratagema.

    Pero…

    Sin dejarles tiempo para decidirlo, saltarás, pelearás, y vencerás. Cuando compruebes que tienes la situación bajo control, me dirás que deje de dar patadas y golpes porque me voy a hacer daño.

    Y no habrá problema porque…

    —Yo te salvaré, pastelito relleno de abrazos.

  • tontolitos de amor 32

    Por ti seré un héroe del trabajo, seré un héroe del amor.

    Echaré horas y horas para comprarte los regalos que no encuentro al excavar en mí, para contratar a los guionistas que escriban los deseos que te gusten sentir.

    ¿Voluntarios para hacer horas extra? Yo.

    ¿Voluntarios para hacer dobles turnos? Yo

    Pondrán mi jeta como empleado del mes en la entrada de la tienda más capitalista que exista. Y seré feliz porque con mi trabajo te demostraré mi amor.

    Pondrán mi jeta como camarada del mes en la entrada del sindicato más sindicalista que exista. Y seré feliz porque el trabajo dignificará mi amor.

    Porque a golpe de corazón, porque a golpe de contrato, seré un héroe del trabajo, seré un héroe de tu amor.

  • tontolitos de amor 31

    El amor es una selva, mi amor.

    Una selva llena de peligros y aventuras, de mariposas en el estómago; de mariposas en el estómago que, a menudo, se transforman en avispas.

    Con sus tíos en taparrabos saltando, de liana en liana, en busca de una mona cualquiera. Y si pasado el alcohol la mona es mona, bien; y si la mona no es mona, a otra liana y fuera.

    Con sus tías en bikini saltando, de árbol en árbol, en busca de alguien que sea como ellas quieren que sea y que sea lo contrario de lo que quieren que sea. Y lo contrario de lo contrario de lo contrario.

    Con sus serpientes que te ofrecen manzanas y, si te das la vuelta, dislocan sus mandíbulas para tragarte entero y dejarte para siempre a vivir en su interior.

    Con sus pájaros de muchos colores pavoneándose en busca de una hembra, o de un macho, o de cualquier otro pájaro que les admire sobre todas las cosas.

    Con sus exploradores, que van más perdidos que perdidos, buscando un Dorado que simplemente es un cúmulo de envoltorios de Phoskitos, o de la Pantera Rosa.

    El amor es una selva llena de peligros y aventuras.

    A veces, saltas y no hay liana, ni árbol, y te pegas un tortazo contra el suelo pensando que todo ha sido una mentira.

    A veces, por pura casualidad, te salvas de caer en las entrañas de una serpiente o de quedar atrapado por el pico de un pájaro.

    A veces, unas pocas veces, encuentras un envoltorio de Phoskitos que, sorpresas de la vida, tiene un Phoskitos dentro y ya todo lo demás no importa.

    Así es el amor, amor, porque el amor es una selva.

  • tontolitos de amor 30

    Me has robado el corazón. Y la cartera. Y la cabeza.

    Por eso el médico se pone blanco al no encontrarme pulso. Le contesto tranquilamente, quitando hierro y hematíes.

    —Claro, es que me ha robado el corazón.

    Que cómo puedo vivir sin corazón, que cómo lo consigo.

    —Pues no sé, todo es acostumbrarse. Un día te levantas y ya no tienes corazón, ni cartera, ni cabeza. Al principio, parece que se va a acabar el mundo, pero te vas calmando porque asumes que no eres un meteorito gigante.

    Que cómo llevo lo de no tener cabeza:

    —Pierdo menos tiempo en la ducha, ya no puedo ponerme mi boina naranja. No sé. Hay cosas buenas y cosas malas, como todo en la vida.

    Que cómo veo:

    —Con los ojos de verdad; es decir, con los ojos del alma.

    Que cómo hablo:

    —Hice un curso a distancia y ahora soy ventrílocuo titulado.

    A cada una de mis preguntas, el médico está más y más absorto con mi historia, con nuestra historia, amor. Le explico cómo me robaste el corazón, la cartera y la cabeza.

    —¿También la cartera? —pregunta inquieto.

    —Claro.

    —¿Y quién me va a pagar esta visita? —pregunta más inquieto.

    Le empiezo a explicar que el dinero es menos importante que la salud y el amor.

    Pero no me deja.

    No me deja de empujar hasta que me tiene en el pasillo y cierra de golpe la puerta de su consulta.