Etiqueta: retazos

  • tontolito de amor 43

    Te he comprado un diamante para que puedas pasear por él, mi amor.

    Y unas gafas de sol.

    Me dijiste que te gustaban los paseos; a las chicas os encantan los diamantes; no había que pensar mucho.

    Has de tener cuidado porque no los he podido echar. Bueno, no a todos. En una de las laderas del diamante, vive una pequeña comunidad tirolesa. Cantan muy a lo tirolés, bailan muy a lo tirolés, y viajan, como no podría ser de otra manera, en tirolina. No les entiendo cuando hablan, pero parecen simpáticos.

    Además, con las dimensiones que tiene este pedrolo, ya sería raro que te los encontrases.

    Lo que sí encontrarás serán ríos de cobalto con carpas cupertinas, prados de esmeraldas con vacas de cuarzo negro y blanco. Vetas de ámbar y oro para marcar los senderos, montañas coronadas con paladio, titanio y platino.

    Pero no te olvides de las gafas de sol. Por favor, no te olvides. Como buen brillante es muy brillante. Mucho. Un poco quizá demasiado.

    Te he comprado un diamante para que puedas pasear por él, mi amor, para que, como son los diamantes, ya siempre esté contigo.

  • tontolito de amor 42

    Echaré las cartas, leeré los posos, miraré las formas de las nubes.

    Y sí, veré nuestro futuro.

    Seguro que, en vez de las cartas de los profesionales, cojo una baraja española, o de póquer, o, directamente, una de las que utilizaba de pequeño con sus coches futuristas que nunca fueron, o con sus barcos de combate que, desde hace años, están en el astillero del cielo.

    Y, si hay que cambiar una carta por otra, lo haré. Con disimulo para que no se enfade mucho el Destino, para que no diga otra vez que se me nota mucho cuando hago trampas.

    Me beberé el café y, si me acuerdo, leeré los posos. Eso si no me equivoco y uso café soluble. Leeré los posos y, en el fondo de la taza, veré no sólo un instante de nuestro futuro, sino una película. Me montaré una película con sus 24 fotogramas por segundo, con sus efectos especiales, con sus invitados estrella.

    Y, si no hay mucha comedia, haré alguna broma. Alguna broma estúpida para que me eches la bronca por hacer bromas estúpidas. Y la repetiré y me volverás a echar la bronca con una sonrisa mal disimulada.

    Miraré las formas de las nubes y, tras media hora embobado, recordaré que lo estoy haciendo para ver nuestro futuro, que debo centrarme en cosas reales, productivas, provechosas. Y miraré las formas de las nubes y, además de los perros, robots y naves espaciales, nos veré cogidos de la mano saltando de nube en nube, con nuestros cascos, con nuestros paracaídas.

    Y, si te entra el mareo, llevaré una caja de biodramina. Con cafeína o sin cafeína, como tú quieras; con sabor a profiteroles de nata, con sabor a tirabuzones de fresa y chocolate.

    Echaré las cartas, leeré los posos, miraré las formas de las nubes.

    Y sí, te veré a mi lado.

  • tontolito de amor 41

    Cuando nos levantemos, encenderé la luz para que puedas ver. Encenderé la luz de la habitación hasta que subas la persiana, mires fuera y me mires a mí porque se me habrá olvidado de nuevo.

    Y haré amanecer el día. O anochecer; lo que desees. Mejor un mediodía que así sólo tendré que colocar un gran punto de luz en mitad del cielo y me podré olvidar del resto de estrellas.

    Cuando salgamos a la calle, seguiremos estando de día o, si te hace ilusión, de noche con las farolas encendidas y las luces de Navidad puestas, aunque estemos en julio. Total, cada año la Navidad empieza antes.

    Además, dando gracias a la contaminación lumínica, seguiré sin colocar las fastidiosas estrellas.

    Y si no es demasiado, y si tú quieres, también encenderé a las máquinas y a los humanos, no como hogueras, sino como compañías para nuestro viaje.

    Encenderé el mundo por ti, pero eso será cuando nos levantemos.

  • tontolito de amor 40

    Un día me puse a hacer tiempo y lo hice.

    Tiempo para pasear con un churro de chocolate en una mano y la tuya en la otra, mientras nos encienden las luces de Navidad y nos preparan el belén.

    Tiempo de sofá bajo una manta, con una serie puesta de fondo, mientras nuestras neuronas dormitan para sintonizarse con la complejidad de la trama.

    Tiempo de lluvia para mirar por la ventana, tiempo de nieve para construir un moñaco.

    Tiempo con sus segundos, sus minutos, y sus años.

    Un día me puse a hacer tiempo y, tras hacerlo, lo viví a tu lado.