Etiqueta: retazos

  • tontolito de amor 47

    Me he hecho pintor. Me he hecho pintor por ti, para dibujarte, para compartir la alegría que me produce verte.

    Pintaré tu cara, tus ojos, los meñiques de tus pies. Unas veces los pintaré al estilo de Dalí, otras de El Greco, otras de Rossetti.

    Si quedan un poco por debajo del realismo, Dalí; si un poco estirados hacia el cielo, El Greco; si un poco parecidos a italianos medievales de merendola en la campiña inglesa, Rossetti.

    Mis clientes gritarán, algunos de placer, algunos de sorpresa, pero todos consumidos por la emoción de verte, de verte a ti, mi amor.

    Aunque todavía no sea un pintor famoso, aunque todavía sólo me dedique a pintarle a mis clientes sus uñas.

    En esas hornacinas cuticulares, tú sonreirás al mundo y el mundo se pondrá tan contento como yo al verte.

  • tontolito de amor 46

    Moldearé mi cuerpo para que sea digno de ti, para que digas que parezco todo un visigodo, que te atrapa una salvaje pasión al ver estos músculos amorosos.

    Esta vena bombea amor.

    Y esta arteria.

    Y este capilar chiquitín en tamaño, pero grande en corazón.

    Mi cuerpo estará construido con ladrillos de anabolizantes, cemento de clara de huevo de dinosaurio, y una pizca de asteroides. Todos mezclados en un ciclo cósmico continuo, en un ciclo de amor.

    Este bíceps es amor.

    Y este tríceps.

    Y este flexor del meñique de mi pie izquierdo.

    Por la magia, el esfuerzo o las trampas. Ganaré un cuerpo heracleo en una partida de cartas, en un tugurio de magos. O lo cincelaré en este gimnasio que es la vida. O me chutaré nirvana relleno de aminoácidos.

    Las maracas serán amor.

    Y el press banca.

    Y las dominadas que haré mirando a un techo que no es límite para lo que yo siento por ti.

    Convertiré mi cuerpo en un templo y su diosa serás tú, mi amor.

  • tontolito de amor 45

    Tenía un poco de dinero en el bolsillo, mi amor; esa calderilla que te sobra después de ir a por el pan; y me he comprado un Greco.

    Casi.

    Vale, mi vida, no te voy a mentir: Me he comprado una colección de pinturas del Greco, pero en plan tranquilo.

    A ver, tranquilo, pero con emoción, con esa emoción de niño que va atesorando cromos y empieza “éste lo ten”, “éste no lo ten”; tranquilo, salvo que me he comprado todos.

    Decía el encargado de un museo “Oh, la, la, monsieur”, el encargado de otro “Oh, yeah, yeah, gentleman”.

    Y así, con lo que me sobraba de comprar la compañía del pan destinado a los restaurantes menos selectos, me he agenciado toda una colección de pinturas.

    Otra.

    En fin.

    ¿Para qué te cuento toda esta historia, mi amor? Pues porque creo que me he equivocado. Sí, lo reconozco.

    Otra vez.

    Ya.

    Que ya me pasó con Dalí. Me dijiste que pillase un recuerdo de nuestra visita a Cadaqués y terminé con un par de rascacielos donde colgar obras gelatinosas.

    Eso fue una mini equivocación chiquitina, una equivocación en los detalles; pero con lo del Greco, con lo del Greco… Pues, vaya, que la he liado.

    Vale.

    La he liado.

    Sí.

    Te prometo que sólo ha sido con las vueltas del pan.

    ¡Qué follón!

    Fliparás con las figuras estiradas como si fueran de plastilina. ¿Y con los santos? ¿Te he hablado de los santos? Madre de dios, parece que son todos bizcos. Y locos. Y con una higiene que vete a saber si es a propósito para matar de asco a las pulgas.

    ¡Los santos! ¿Es que ya nadie respeta nada?

    ¡Que la he liado!

    No hay más.

    Me ha sobrado un poco de calderilla tras comprar el pan, tras comprar toda la colección del Greco.

    Igual me perdonas si te compro un regalo.

    ¿Quieres un diamante por el que puedas pasear?

  • tontolito de amor 44

    Iré al zoo porque allí viven los osos. Y viven allí porque son los dueños.

    Me recibirá el gran oso Cariñ dándome un gran abrazo de gran oso y me dejará un poco sin aire, un poco cianótico. Me dirá que les encanta que vuelva a casa, que siempre tendré un sitio para mí… y para quien quiera llevar conmigo.

    El entrañable oso Amor me contará que están preparando una serie sobre él, sus hermanos y una osita de la que se ha enamorado. Por supuesto, me haré fan definitivo de él, de la osita y de la serie.

    Oso Herm me explicará otro nuevo potingue para ser aún más herm. Lo logrará combinando el marrón oso, el negro oso y el blanco oso; mezclando la esencia del polo norte, de los valles del Pirineo, de las llanuras infinitas cubiertas de bambú. Le pediré que me guarde unos cuantos botes.

    El cuentista oso Fabul me leerá una de sus historias de robots, una historia de esas que empiezan así:

    Hubo una vez un roboto que, escribiendo sobre osos, escribió sobre sí mismo.

    Y viviré tanto su historia que parecerá que es la mía, que es mi libro, que es mi vida.

    Los osos Apest, Espant y Horror me harán ir a sus despachos. Apest me volverá a hablar de su pasión por los calcetines sudados; Espant por las películas de miedo; y Horror por las películas de miedo sobre calcetines sudados. Que están montando un emporio de la asquer-osidad y si quiero ser su socio.

    Todo me parecerá esplendor-oso.

    Todo me parecerá muy bien, genial, fetén.

    Pero no habré ido por eso.

    Antes de marcharme, antes de volver a mi otra casa, visitaré a los tres hermanos Pat, Past, y Pastel. Sí, esos que regentan una panadería, esos que hacen sus fam-osos lamines. Y me alegrará verlos, y me alegrará comprar unos cuantos kilos.

    Iré al zoo porque allí viven los osos, porque allí viven unos osos que hacen tus lamines favoritos, tus tirabuzones de fresa y chocolate, mi amor-osa amor.