Etiqueta: retazos

  • retazo34

    Kañdkf es la conclusión de dar mil vueltas a mis pensamientos durante largo rato, de meditar sin doblez en lo que tanto me ha preocupado en esta vida. Así que mi conclusión es, por decirlo con tacto, diferente.

    Podría haber encontrado la cura para alguna dolencia real o imaginaria que pueda tener, pero no ha sido así. O podría haber llenado mi cabeza con sensaciones maravillosas recreadas en alguna visión, pero no ha sido así tampoco.

    He buscado en los profesionales que puedan ayudarme a resolver mis inquietudes; reconozco que he visto vídeos de filósofos y estilistas de la modernidad que hablan de la esencia última de lo que me llena la cabeza en este momento; los he visto, tan serios, tan bien informados, tan confiantes en su pensamiento que he llegado a la conclusión de que estaban hablando de algo completamente distinto a lo que yo creía que estaban diciendo.

    Observo las verdades últimas que me ofrecen y Kañdkf es cada vez más atractivo, más adecuado como solución. Así que, ante cualquier pregunta que me plantee la vida, sólo me contestaré:

    –Kañdkf.

  • retazo33

    Un acertijo de un libro de acertijos busca en mí una explicación que le permita solucionar un acertijo.

    –No, digo que no sé dónde está tu explicación. En verdad te digo que no sé dónde encontrarás esa explicación, dónde encontrarás explicación a todas las explicaciones que te deben. No lo sé. Opina lo que consideres que tienes que opinar: de lo que hago o hice; de lo que digo o dije; de mis respuestas o silencios a tus preguntas; de lo que consideres que tengas que considerar. No me burlo de ti, aunque lo pueda parecer a alguien que piense mal para acertar. De verdad, no me burlo, pero no te puedo dar mucha más contestación que ésta. Intento ser tan sincero contigo como soy capaz de serlo conmigo mismo.

    Ad hoc, se añade en el acertijo un corolario tan enrevesado y malicioso como es “Excusatio non petita…”. Da igual lo que yo diga o haga pues, para el acertijo, no habrá contestación adecuada hasta que se haya hecho justicia, hasta que el demiurgo de sus pasiones quede empachado y victorioso con su dosis de endorfinas morales, hasta que el demiurgo de sus acciones maquine la búsqueda de otra explicación que, sin haberse dado cuenta antes, se le debe.

  • retazo32

    Caí en la locura por intentar entender la locura del mundo.

    ¡Tal cual! ¡Ahí lo dejo! Y, sin embargo, no encuentro resumen más certero que éste.

    Abuso de las hipérboles en mis escritos y en mi vida, así que no me resultaría extraño que mis oídos oyesen a mi voz decir, sin haberlo pensado antes mi cerebro: «Cortaré inmisericorde las protecciones que mi cuerpo crea para no herirme con ellas en mi propia carne marchita». Para acto seguido, cortarme las uñas. ¡Así soy!

    Y, aún con todas las hipérboles melodramáticas de mi forma de ser y escribir, no encuentro resumen más certero que lo dicho al inicio de este retazo de helado de chocolate.

    Escribo con humo, hipérboles, melodrama en dosis variables; con surrealismo, humor negro, y esperpento bañado en chocolate somarda. Con frases vacías repetidas en cada uno de los textos, con tautologías innecesarias y oximorones de fácil creación. Formo cúmulos de obviedades envueltas en juegos de palabras para expresar una nada.

    Y, aún con todo el vacío autocontenido que hay en mi forma de ser y escribir, no encuentro resumen más certero que lo dicho al inicio.

  • retazo31

    Sentado en la entrada de una de las mayores fábricas de robots, pienso en que también he cogido cariño a los humanos. Estoy casi seguro de que esto tiene relación con que, poco a poco, me he ido cogiendo cariño a mí mismo; de notar que los otros humanos vivían las mismas alegrías y tristezas que yo, aunque unas veces escritas con arañas y otras con serpientes, aunque unas veces ellos estuvieran en una trinchera y yo en la contraria, los otros humanos viven las mismas alegrías y tristezas que yo, las mismas aun con distinta forma. Y, al notar su humanidad, he comprendido y aceptado la mía.

    Así que ambos grupos me gustan y, por supuesto, sus mezclas. Me extraña cuando algunos se empeñan en hacer a los robots parecidos a los humanos, limitándolos a parámetros humanos, ¿por qué? ¿Para hacerlos únicamente herramientas de los humanos? ¿Por el miedo a que puedan ser mejores que los humanos que quieran seguir siendo sólo humanos? El mismo miedo de los que rechazan la ciencia porque crea monstruos con los sueños de los humanos, sin rechazar la ciencia que les da de comer y los mantiene con vida. El mismo miedo de los que rechazan a los robots porque esclavizarán a los humanos para… ¿Para?

    Sin embargo, me inquieta la corriente naturalista que busca la esencia propia del ser humano con el fin de crear una sociedad más humana haciendo humanos menos humanos: humanos buenos, pero sin maldad porque la maldad no es humana; humanos correctos, pero sin equivocación porque la equivocación no es humana; humanos robóticos, pero sin humanidad porque la humanidad no es humana. Esa corriente naturalista en la que algunos se empeñan en hacer a los humanos parecidos a los robots, pero sin su animal atractivo.

    No me interesan los humanos naturales robotizados en su alma, no me interesan los humanos que no han pecado, que no han suturado sus vidas con hilos de redención, que no se han visto superados por la realidad. Aunque me gustaría vivir un cielo cercano, con mi alma corporizada en carne, metal, números o cualquier otra opción que me haga expresar un epatado “mola”, si he de elegir un destino sólo humano, prefiero un infierno con penitentes que saben que han pecado a un cielo con santos que saben que otros han pecado.