Etiqueta: retazos

  • retazo30

    Despreciaré la parte imaginaria buscando la solución real como cuando nos ayudamos de los complejos, al igual que hago con lo que no entra en o contradice mi generalización sobre la vida.

    Me ejercitaré en desarrollos de ecuaciones cortados cuando es menester, al igual que desarrollos de argumentos cortados cuando es necesario… para mí, para no calentarme más la cabeza.

    Modelizaré mi vida y diré que es una esfera; es más, usaré coordenadas esféricas para describir mi ego cuando se infla como un globo, y mi tripa cuando acumula ideas.

    Echaré números sobre mi hilo, aún no cortado, para augurar un futuro que nunca llega; echaré cuentas sobre el negocio que es vivir y un abalorio se formará compuesto de números más negros que rojos.

    Despreciaré la parte imaginaria de la solución por esta vez, la dejaré marchar para quedarme con lo prosaico de la realidad que llena mi estómago y llena mi ser.

  • retazo29

    Hay sol.

    Escondido bajo una sombrilla, intento enfriarme con cremas y un helado de chocolate. Aprovecho la pinza que tengo libre y la saco fuera para confirmar lo que ven mis ojos: Sigue habiendo sol.

    Es lo normal. Quitando las diversiones nocturnas y los paseos bucólicos al amanecer, cuando vas a una playa es para disfrutar del sol, de un sol, que en este caso, está cayendo a tres toneladas por metro cuadrado. Bufff. Sigo bebiendo agua sin pensar porque estoy medio abotargado por el calor.

    Los demás están sin sombrilla, tumbados en toallas sobre arena de brasas. ¿Cómo podemos ser de la misma especie? Bebo agua y agua, pero no llego a mearla porque mis poros se han convertido en surtidores. Si les pudiese poner un sistema rotatorio, serían unos aspersores fantásticos. ¡Qué calor! ¿Qué pinto yo aquí? Con la soledad y el frío que hay en las montañas. Miro al resto y los veo felices, con sus toallas, sus cremas, sus gafas de sol, sus cuerpos bronceados. ¿Pero cómo puede ser que vengan aquí?

    Y, al ver sus cuerpos bronceados, me empiezo a reír porque me doy cuenta de que soy un gruñón. Jajaja, soy un gruñón. He venido a la playa, me he embadurnado con la crema y me he ido a andar por la playa. ¿Y qué ha pasado? Pues que me he convertido, como siempre, en un cangrejo. Yo, el Cangreixo.

    Cojo con una pinza la sombrilla, me pongo a andar por la playa, contradiciendo a un cangreixo, con el mar mojándome los pies que se hunden, ligeramente, en la arena. Por esto he venido, por esta sensación.

    Hay agua.

  • retazo28

    Siguiendo el ritmo de mis pasos, contando mis pasos, uno, dos, tres, cuatro. Uno, dos, tres, cuatro. Sólo están mis pasos. Inspiración, expiración, tres, cuatro. Inspiración, expiración, tres, cuatro. Mi pasillo convertido, tres, cuatro. El pasillo de mi casa se convierte en un camino de un parque, con árboles a los lados, con una fuente a lo lejos. Entra en mí el aire frío de una mañana de invierno con mi respiración acompasada, mientras pienso en lo maravilloso que sería que este instante durase todo lo que yo quisiese, sin tener que volver a la rutina de luchar contra deseos de conseguir un algo que desconozco y, al lograrlo, ser feliz. Expiro, resoplo, tres, trastabillo.

    Miro mis pies, siguen andando al mismo ritmo, uno, dos, tres, cuatro, convirtiéndome en ellos para soltar un parque con deseos de ser feliz. Uno, dos, tres, cuatro. Inspiración, expiración, tres, cuatro. Inspiración es lo que necesito, tres, cuatro. Una inspiración que me haga escribir textos hermosos, agradables, lenitivos, y cuatro. Entre el Ara y el Cinca, ando por una senda con guijarros de esperanza y piedras de tormento, para mis pies y para mí, mientras me alejo de la realidad que no soy capaz de entender, interpretándola con figuras grotescas en la que empiezan a habitar mis pensamientos. Caigo, ruedo, mis brazos partidos, mi cara sangrando.

    Consigo sentarme en una roca, intento calmarme, soportar el dolor, quedarme quieto. Uno, dos, tres, cuatro. Pero mis pies, con los talones en el suelo, empiezan a marcar un ritmo que empiezo a contar. Uno, dos, tres, cuatro. Uno, dos, tres, cuatro. Desaparece la senda, desaparecen mis brazos, tres, desaparece mi cara sangrando. Mi pasillo, mi casa, tres, cuatro. Inspiración, expiración, tres, cuatro. Uno, dos, tres, cuatro.

  • retazo27

    He martilleado mi ignorancia sobre mi soberbia para forjar las palabras con las que me vestía. Y, a veces, aún hago. Grandes palabras en graves sentencias convertidas en humo, en el símbolo de un incendio interno que todo lo devoraba. Y, a veces, aún ardo.

    Buscando explicaciones a palabras que dije, soluciones para borrar palabras que dije, pero, por más que mire, no las encuentro. Quizá no sea necesario hacerlo, quizá ese yo ya no sea este yo y ya no tenga sentido; entonces, ¿por qué las busco?

    He escondido mis derrotas en ironías para hacerlas más fáciles de procesar y no me pudran en vida. Tal cual la armadura. Bromas absurdas con porcentajes variables de humor negro, intentando entender un mundo que se parodia a sí mismo. Tal cual el casco.

    Dándole vueltas a palabras que dije, a otras que se entendieron de una manera completamente distinta a lo que dije:

    –¡Eh, que no era así! ¡Que esa no es la interpretación! –protesto sin resultado y sin sentido.

    Así que, ¿cuál es la solución para borrar palabras que habitan en el pasado, o que no son reflejo de lo que verdaderamente siento? ¿Cuál es la solución para seguir hablando y evitar esos dolores? Tal vez sea convertirse en un oso que baila asincrónicamente en la orilla del río Wu.