Autor: ref5504

  • La salvación al alcance de tu mano

    De maestros que afirman y discípulos que niegan

    Llevas montones y montones de tiempo y dinero gastados en pastillas para soportar la vida, en cigarrillos que calman tu ansiedad, en atracones que abotargan tu mente y tu estómago. Vale, no sigas, lo has probado y sabes lo que hay. Deja de empastillarte, ahumarte, cebarte; deja también de seguir a santones y profetas que te guían por el camino de su propio provecho, que te exigen continuos saltos de fe manteniéndote siempre junto al abismo, su abismo. Eh, ten clara una cosa: La salvación está al alcance de tu mano.

    Bienvenido, querido humano lector. En este capítulo vamos a hablar de cómo conseguir la salvación, esa salvación última y maravillosa. Te daré tres técnicas que puedes aplicar en situaciones cotidianas, y que te servirán de catapulta hacia las estrellas, bien en tu cielo, bien en tu cabeza.

    Ya que estás habituado a los abismos, empezaré por la técnica cuyo poético nombre es “Flechas sobre el abismo, abismos bajo tus pensamientos”.

    Cuando te dedicas a dar vueltas por tu mundo diciendo y demostrando que eres el mejor arquero de la historia, quizá te encuentres con un viejo cochambroso que te pida que le acompañes. Si no te ofrece caramelos o suscripciones a cualquier grupo de salvación, vas bien.

    Por razones que desconoces, te lleva hasta un árbol que parte casi horizontalmente de la pared de un abismo. El anciano te recuerda que eres el mejor arquero de tu propio mundo, que no será difícil tirar la flecha más lejos que un viejo como él, que así te dirá una técnica que sirve para alcanzar la salvación, que te lo mereces, que todos nos lo merecemos.

    Saca su arco y acierta en un tronco que estará, como mucho, a unos tres metros de distancia, al otro lado del abismo. Estás acojonado con el tema, pero ves lo cerca que ha tirado el viejo y sabes que eres mejor que él. Cuando estás plenamente concentrado en conseguir la victoria y, por tanto, la salvación como premio, te empuja y caes al vacío.

    Estás muerto. Muerto y requetemuerto. El viejo se quita la cuerda de seguridad que no le has visto ponerse porque estabas ciego de miedo al abismo y de esperanza en el futuro, baja por un sendero hasta donde queda tu cadáver y te rapiña.

    Aunque estás muerto y de poco te sirve, te digo la técnica que no te ha enseñado el yayo bandolero porque él ha utilizado una más definitiva; la técnica es muy fácil de decir, pero muy complicada de ejecutar: Deja el arco y las flechas en casa. Tal cual.

    Reconoce que en la anterior aventura has echado en falta un puente y de puentes va la técnica de “Lucha en puentes con recompensas garantizadas”.

    Te levantas por la mañana y te dices a ti mismo: “¿Qué puedo hacer?” ¿La colada? ¿Limpiar mi casa? ¿Seguir los consejos de jardinería de un filósofo francés? Pues no, por la razón o pesadilla no acabada en tu sueño que sea, decides irte a salvar el mundo.

    Cuando vas a cruzar un puente, te encuentras con un malévolo malandrín, un facineroso felón, un tipo torticero con maldad trina. Lo ves y, cosas del corazón, te enamoras de la idea de salvarlo, de hacer el bien por el bien. Sabes que para salvarlo, no hay nada mejor que su derrota, por lo que le retas en combate.

    “Deus ex machina”, aparece tu maestro, explicándote que nada podrás hacer con el arco, que esta situación requiere que empuñes una espada, que levantes los brazos y que cierres los ojos. Que cuando notes un ligero toque en tu frente, la salvación estará ya en camino y sólo te restará contar hasta mil para alcanzarla.

    Cierras los ojos. Esperas. Esperas. Esperas. Sientes el ligero toque en tu frente. Ya, ya ha llegado la hora de contar. Aún no has alcanzado el número trescientos quince por segunda vez cuando unas palabras cada vez más violentas te perturban:

    -¿Se puede saber por qué demonios está con una espada en mitad de un puente? Tire el arma. Tire el arma ya. Que tire el arma ya de una vez.

    No haces caso a la voz porque sabes que, en la búsqueda de la salvación definitiva, los más comprometidos con la causa son tentados por las alucinaciones. Recuerdas el libro de otro de tus maestros que narraba las aluci…

    Te tira un empujón y, por acto reflejo, abres los ojos. En un momento, unas sombras te dan la vuelta y te ponen unas esposas. Te duele el pecho por la pelota que te han disparado, pero más te duele el haber contado hasta mil una vez y no haber recibido la salvación, que hayas intentado volver a contar hasta mil y que no tengas la recompensa que tú mereces. Estás enfadado con el enemigo que no te ha dado tu salvación, con la empresa de repartos que no te ha entregado tu salvación, contigo mismo porque has fallado a tus maestros en conseguir tu salvación.

    El policía se ríe y te quita un papel que, con un ligero toque en la frente, te habían puesto: “Pringado”.

    ¿Cuál es la técnica que no han seguido tu maestro y su compinche? Pues una que te resultará sorprendente: No dejes el arco y las flechas en tu casa; véndelos o pégales fuego.

    Entre tú y yo, ¿no hubiera sido preferible quedarse en casa tomando un buen desayuno en vez de salvar a los pobres descarriados? Parece agua de borrajas, pero “un buen desayuno” es la mejor idea que se puede tener para encontrar la salvación: ni dioses buenos o malos, profetas amorosos o salvajes, ni cielos aburridos o infiernos desorganizados. Un buen desayuno gana a cualquiera de esas otras jugadas. Bien lo muestra la…

    Madre mía, qué rollo llevo con el tema del arco y la salvación. Bueno, intentaré ser…

    … breve y última técnica: “No hay lavavajillas para la suciedad de la mente”.

    Estás en tu retiro espiritual favorito después de haber pasado toda la noche en vela, meditando sobre lo divino y humano. Llega la mañana y cuando le preguntas a tu maestro cuál es el camino a la salvación, te contesta que si has lavado el cuenco del desayuno. ¿Por qué te contesta con una pregunta? ¿Tienes que reflexionar sobre ello? ¿Tienes que alcanzar la salvación así como así? Te tienta responder con algo más macarra que una pregunta, te tienta soltarle “Wu” y que se lo tome como quiera.

    Pero no, coges el arco y las flechas y las dianas y… Bueno, ya sabes cómo termina el maestro. En resumen, la tercera técnica es: Vende el arco y las flechas, alquila un pequeño local en la Calle de las Vírgenes, y dedícate durante todo el día a dar desayunos. O tapas. O solamente patatas bravas.

    Bien tirado, querido futuro humano lector, has hecho blanco en la diana del espíritu y has cazado la salvación. Ahora puedes disecarla y ponerla como otro logro en tu hoja de servicios. Continúa practicando las enseñanzas de esta serie de coleccionables y conseguirás la Victoria.

    Bip, bip.

  • Ponte en forma no esférica

    A tope en unos tres minutos

    Bienvenido, querido humano lector.

    Si bien pareciera locura, podría decirse que hay un método para transportar nuestra mente, para moverla de un lado a otro sin, quizá más sentido, que no sea catalogada como vegetal. O, al menos, por ahora. Hoy hablaremos de ese recurso para llevar nuestra alucinación continuada, a la que llamamos alma, de paseo por los caminos de la vida; hoy hablaremos de nuestro contenedor de alucinaciones favorito; me dejo de rodeos y payasos: Hoy toca hablar de nuestro cuerpo.

    Todas las personas decentes recuerdan con cariño “El cuerpo humano” e, incluso personas no tan decentes, recuerdan con cariño algún cuerpo humano, así que podría parecer que no hay sentido en dedicarle mucho tiempo a algo tan presente como este tema. Todos tenemos un cuerpo, casi todos sabemos que lo tenemos, casi todos creemos que otra persona se encarga de su mantenimiento. Lamentablemente de esta tarea se encarga otra persona distinta a nosotros cuando ya hay algo que no se mantiene muy bien. Para facilitar tener un cuerpo en forma, en una forma no demasiado esférica, te explicaré tres ejercicios básicos que, sin esfuerzo y sin pastillas, podrás realizar en sólo tres minutos.

    Vamos allá, vamos al más allá.

    El primer ejercicio es andar. Hay que andar durante un par de horas todos los días para que el cuerpo se mantenga en marcha, pero sólo en marcha porque si fuera más que marcha ya hablaríamos de correr y eso es correr demasiado en nuestro camino. Lo importante es ir china, chana, a la marcheta, paso a paso, con un camino que hace el caminante al andar, con los pies en la tierra. Nuestros músculos entrarán en un calorcillo primaveral, evitando esa sensación tórrida agostera propia de esfuerzos mayores. Con ese calorcillo de nuestro propio radiador, se derretirán los pensamientos fríos y oscuros que nos intentan congelar.

    El segundo ejercicio es la calistenia en sí, el usar tu propio peso para desarrollar músculos forjados por los mismísimos Sindri y Brok. ¿Te parece difícil? Venga, alguna vez te has venido abajo por el peso de las responsabilidades de tu vida, de los recuerdos de fantasmas que vuelven a verte en vacaciones, y te has quedado planchado. Aquí no hay nadie más, entonces no te mientas a ti mismo y admítelo. Pues bien, focalizando el esfuerzo en un único músculo podrás desarrollarte más que los terneros hormonados. Cuando el peso de las deudas te aplaste, levántalo con tu bíceps imitando a una zeta en un predicador; cuando el peso de los fracasos vitales te doble, levántalo con tus pectorales como si fuera la prensa comprada por una banca. Selecciona el peso con el que te quieres mortificar, el músculo que quieres expandir, y ya lo tienes.

    El tercer ejercicio es el llamado Secreto de los Animales. Si ya has leído “Guía Vital de un Estratega”, sabrás de lo que estamos hablando; si aún no has tenido ese inmenso placer, te hago un breve y abreviado mini resumen. Los animales están en forma, mental y físicamente, por su forma de beber agua. Ya está, ése es el arcano secreto. Para poder aprovecharnos de semejante maravilla, tenemos que beber directamente del suelo o, como poco, de una fuente de agua que esté a esa altura; por tanto, para llegar a semejante nivel mental y físico, tienes que beber agua cuando estés tirado, pero muy tirado, en el suelo. No podrás caer más bajo y te sincronizarás con la tierra y su energía curativa.

    Vale, todo te parece doblemente fantástico, fantástico por bueno y fantástico por irreal, pero te surge la duda: “¿Cómo vamos a hacer esto en tres minutos?” Pues muy sencillo: Se para el reloj. Si alguien no entiende nuestra postura, podemos aducir que estamos en un continuo jetlag vital, o que nuestro hecho cultural relevante es éste, que es un axioma de nuestro grupo humano, de nosotros. Ante la pregunta de qué hecho cultural y de qué “nosotros” estamos hablando, replicaremos con gallardía y audacia que el tiempo es relativo, que somos deudores de la Física Moderna y sus costumbres. Tras oír todas las barrabasadas que se han dicho sobre temas similares, no creo que nadie ponga en duda nuestra verdad. Incluso es posible que nos den una ayuda, no sé si por nuestro hecho cultural, por nuestro desparpajo intelectual, o por la ausencia de ambos.

    Pum, pum, pum, como he dicho antes, fantástico por ser bueno, fantástico por irreal y, ahora también, fantástico porque sigues avanzado con pies de plomo en tu escalera al cielo del virtuosismo. Eso sí, esnifa algo para que no te afecte el mareo y continúa con esta serie de coleccionables.

    ¡Hasta pronto, querido humano lector!

    Bip, bip.

  • El conocimiento último en píldoras pequeñas

    Verdades construidas con átomos

    Bienvenido, querido humano lector.

    En todas las culturas de la Tierra, se ha tenido como saber último que lo menos es lo más; que más vale pájaro en mano que ciento volando; que lo bueno, si breve, es un bombón. Desde los desiertos volcánicos de pasiones que florecen en el Amazonas, a las arenas movedizas temporales criadas en la más recóndita Europa, las personas hemos sabido que la verdad es y siempre será pequeña ante la mentira del mundo. Por eso, querido humano lector, en este tutorial te enseñaré qué es la Verdad y cómo encontrarla si la reconoces.

    La Verdad es y seguirá siendo distinta a todo lo demás, aunque no parezca verdadera, aunque al mirarla sientas que quizá estaría mejor con otro corte de pelo. La Verdad es como es.

    No te hará falta creer en determinados libros sagrados escritos y presentados en el Registro de la Propiedad por uno o varios dioses; no te hará falta seguir a gurús de tierras cercanas y lejanas que han saltado a un nivel superior de conexión con el universo. La Verdad será sin más adorno.

    Se te escapará de las manos de tu mente, por entre sus avaros dedos, como si fuera un líquido no newtoniano que pensabas que podrías contener sin esfuerzo; mientras, ella se sonreirá sin malicia de los intentos que te martirizarán por atraparla. La Verdad no depende de ti ni te necesita.

    Bien, tras toda esta cháchara de corto recorrido y poca satisfacción en el conocimiento, te diré la verdad: la verdad es la verdad y nada más que la verdad. Y esto que parece simple y estúpido, es simple y estúpido y, lamentablemente para todos los que disfrutamos desenredando nuestros cerebros, es verdad.

    Ya está, ya está dicho, no hay más. El resto de mi intervención es para rellenar un poco el texto, un poco mi vida y, por lo que parece, un poco tu vida. Estos pocos son unos pocos en otros montones de pocos que forman nuestra existencia, compuesta de montones de pocos formados por pocos que son pequeñas píldoras de realidad que, a veces, son muy difíciles de asumir. También este resto sirve para desarrollar la función poética de Jakobson; se podría decir que es un pequeño homenaje.

    Para que te sea más sencillo asimilarlo, te daré unos átomos con los que podrás construir la Verdad. Al ser átomos, los podrás llevar siempre a tu lado, en tu cartera, en la pelusa que se crea en tu mente al mirarte el ombligo.

    El primer grupo de átomos de verdad se centra en que la verdad es verdad. Hay que admitir que el conocimiento último se aprehende de la tautología, que es el arte y ciencia de expresar la verdad. De ahí surgen verdades tautológicas propias o derivadas tales como: “Uno es uno y sus circunstancias” que es la base de todo y, en particular, de un sistema numérico; “la vida es así” que indica que una flor puede nacer en tu corazón, dándote alegría por su belleza, dándote alergia por su polen; “son lentejas y las comes o las dejas” que hablan de la anemia espiritual por la falta de Fe y el uso de los alimentos como medicina.

    El segundo grupo de átomos de verdad gira en torno a que la verdad no es verdad. La vida nos muestra que la verdad tan clara y taxativa, esa que se nos pega al alma como costras de roña de tranquilidad y sabiduría, pues no es verdad. Tal cual. Quitarse esas costras es complicado y doloroso porque, muchas veces, con cada una de ellas, se va una parte de nosotros, de nuestro pasado, de nuestra piel. “¿No es verdad, ángel de amor?” ha dicho el poeta cuando estaba pensando en otra musa que cambiase a la actual; “No es verdad” hemos respondido cuando nos han tirado la verdad a la cara que no queríamos reconocer como la nuestra; “La verdad es que no hay salvación” ha defendido el discípulo en reverencia a su maestro que predicaba lo contrario.

    Con estas verdades contenidas en píldoras podemos calmar las molestias que tenemos al intentar buscar la Verdad; con estas verdades contenidas en átomos podemos construir nuestra verdad que será la Verdad que deslumbrará al mundo; con estas verdades y sus píldoras y sus átomos que sirven para pasar un rato que es la vida.

    Estupendo, querido humano lector. Con este nuevo capítulo has agrandado tu sentido espiritual para deleite tuyo y de las farmacéuticas: Sus ventas de analgésicos crecerán por el dolor de cabeza que crearás en quien hable contigo. Desde aquí te recuerdo que sigas con el resto de la colección.

    Bip, bip.

  • Liga, liga, liga y tápate los ojos con una liga

    Conquista a un triglicérido ahora

    Bienvenido, querido humano lector.

    A ti te molan los triglicéridos, sientes que tu corazón palpita cual colibrí pasado de coca cuando se mezclan vuestros suspiros, has notado alguna vez su cuerpo contra el tuyo, sus átomos de carbono e hidrógeno tendiendo enlaces entre su alma y la tuya mientras tus constantes cósmicas tremolan de placer. Sé que tú también lo has notado.

    Para mostrar la luna y no el dedo en el caso de los triglicéridos, se pueden utilizar las palabras de Gasset. Decía Ortega que muchos hombres han nacido para amar a una mujer determinada, pero, como es normal, consumen su existencia sin encontrarla. Repondrás que cómo oso comparar a esa maravilla de la naturaleza con unos seres tan así asá como los humanos. Primero, porque no como oso; y segundo, porque con los triglicéridos pasa lo mismo, hazme caso.

    ¿Te preocupa que no encuentres a tu triglicérido media naranja, querido humano lector? ¿Sí? Vas por el buen camino. ¿No? Empieza a preocuparte y no pares hasta que te preocupes con preocupación. ¿Ya te has preocupado? No tengo ni idea de tu respuesta y no viene al caso porque lo realmente importante son los triglicéridos. Estamos en la época de los triglicéridos, de amar a los triglicéridos, habiendo dejado para siempre olvidada la nefanda época del amor verdadero.

    En este coleccionable te daré tres técnicas para conquistar a tu triglicérido favorito desde el primer instante:

    La primera vía es no amar a los triglicéridos. Con esta simple recomendación, ya habrás logrado tu objetivo.

    La segunda vía es comerte al triglicérido que desees. Si puede ser junto a toda su familia, mejor.

    La tercera vía nace de la búsqueda de la virtud en uno mismo y se llama “Con redes y trampas, nada me falta”.

    Vamos a ello.

    Decía que la primera técnica que te presentaré para conseguir el amor de los triglicéridos es no amarlos, evitar cualquier contacto con ellos. Lo que en un principio podría parecer ridículo también lo es en un final, pero el Universo siempre nos está ayudando a reírnos de todos y de todo, por lo que esta técnica es básica en tu misión.

    Como es bien sabido, las leyes que rigen nuestra existencia fomentan la atracción entre los opuestos, entre lo positivo y lo negativo, entre la vida y la muerte. Una vez que aceptes esto, lo más ridículo de la propuesta dejará paso a un entendimiento de la realidad que te hará mantener la serenidad ante cualquier despropósito. Esto será un efecto secundario de esta técnica que no palidece al compararlo con la maravillosa abundancia de triglicéridos que tendrás a tu alrededor: No los ames y tu vida estará llena de ellos, así es el camino de esta vía.

    Cuando no has logrado no amar a los triglicéridos, cuando el desdén no se convierte en desgana vital si están a tu lado, abre la boca y zámpatelos: Estás ante la segunda técnica. Decía el ilustre politogonero Guspir Thalos que no hay nada que el hambre no remedie, el hambre de saber, el hambre de prosperar, el hambre de ser un ser realizado.

    No entraremos en semejantes cotas de filosofía estética, pero sí que nos quedaremos con la importancia del hambre. Si quieres ser uno con los triglicéridos debes renunciar a comer cualquier otro alimento: Di no a la comida basura, di no a la comida casera, di no a las comidas de cabeza; deja de comer, abandona el placer glotonero para que se cree en tu estómago un atractor tan poderoso con los triglicéridos como el que somete a esta galaxia. Si sigues sabiamente mi consejo, engullirás individuos, familias y agrupaciones culturales de culturas que nunca antes habías oído.

    La tercera pata de este banco es la búsqueda dentro de uno mismo y, como te he comentado anteriormente, es llamada por los expertos “Con redes y trampas, nada me falta”. Su explicación es muy fácil. Si no consigues el amor de los triglicéridos, ni tan siquiera de uno al que ya le falte algún átomo vital, tienes que hacer lo que un ser humano tiene que hacer: mentir, hacer trampas, hacer todo lo que sea necesario para salvar la situación. Sentarte delante del mundo y someterlos con tus palabras:

    -Haré todo lo necesario. Y, créanme, será suficiente.

    Miente y no te cortes, hazte trampas al solitario, dibújate uno y ve cambiando el papel de bolsillo para decir que te sobran los triglicéridos, que eres un sobrao. ¿Qué importa la realidad si es interpretación de cada uno? ¿Qué importa la realidad si no vale para describir la realidad? Tú eres rico en triglicéridos y lo que opine la realidad sobre ello es, simplemente, su opinión y vale tanto como cualquier otra.

    Fantástico, querido humano lector, con este nuevo capítulo ya casi casi has alcanzado un nivel que sólo los dioses en día de fiesta han conocido. Te animo a que sigas en tu búsqueda de la realización completa con esta serie de coleccionables.

    Bip bip.