Autor: ref5504

  • tontolitos de amor 28

    Una tarde cualquiera, en un sofá cualquiera, estaremos viendo una película aleatoria, de ésas que echan todos los sábados por la tarde en un canal de Visiones cualquiera.

    Y llegará un aire huracanado, y no será porque hayamos comido legumbres.

    Y llegará una brisa marina, y no será porque hayamos echado ambientador para disimular el producto de las legumbres.

    No, no, no, y cientos de veces no.

    Habrá un hombre misterioso en la pantalla de las Visiones, hablando del tiempo, de las nevadas bucólicas en las montañas, de las ventoleras no tan bucólicas del Zierzo, y lo hará con tal cariño, con tal amor, que incluso la mayor pedregada nos parecerá una lluvia de caricias que nos lanzan los ángeles del cielo.

    Cogerás el mando y buscaremos el título de esa película aleatoria de un sábado cualquiera que, como no podría ser de otra manera, se llamará: “El meteorólogo del amor”.

    Y llegarán tempestades de abrazos amorosos, y el sofá nos regañará ante tanto empalagamiento.

    Y llegarán avalanchas de besos amorosos, y el sofá nos gritará “Idos a un hotel”.

    El hombre misterioso de las Visiones sonreirá, pero, antes de que pueda seguir viéndonos, cogerás el mando y apagarás la pantalla porque ya habremos perdido cualquier interés que pudiera tener la película.

  • tontolitos de amor 27

    Poder estar en silencio y no decir nada, y no tener que decir nada.

    Completar mis frases con tus palabras para expresar lo que aún no sabía que sentía.

    Y estar bien.

    Y sonreír.

    Y no tener que hacer nada porque no hay nada que haya que hacer.

    Sentir que es así la vida.

    Con tu mano en mi mano, en un parque, en una cena, en un hospital.

    Tener el otro lado de la cama lleno. Bueno, medio lleno.

    Poner los cubiertos de la mesa y cuando sólo pongo unos sentir que la mesa aún no está puesta.

    Poder estar en silencio y no decir nada, y no tener que decir nada porque se haya entendido todo.

  • tontolitos de amor 26

    Cae una bomba. Y un misil. Y otra bomba. Y una granada. Pero estamos juntos, mi amor.

    En este día que no es primaveral, sobre nosotros llueve metralla; metralla que no refleja un arco iris antes de mojar de sangre nuestras calles.

    Huele a almendra amarga, pero no a jazmín; a huevo podrido, pero no a menta fresca. Nos hemos quitado las máscaras antigás para poder besarnos. Nos hemos quitado los trajes, los guantes, para sentir la piel del otro.

    Juntos en este paseo por la vida hasta que se oye un chasquido y todo salta por los aires.

    Estalla la guerra. Y el mundo. Y tú. Y yo. Pero, pase lo que pase, seguimos juntos, mi amor.

  • tontolitos de amor 25

    Al abrir la puerta, apareciste tú, mi vida. Me tomaste en tus manos y sentí, por primera vez, el calor.

    Estaba confuso, ¿qué era eso nuevo que nacía en mí? ¿Era amor? ¿Por qué no lo había sentido antes en mi cuerpo?

    La respuesta era fácil: Porque hasta entonces sólo había estado con trozos de carne muerta, con besugos de ojos abiertos, con vegetales sin mucha sustancia.

    Y, de repente, apareciste tú.

    No lo voy a negar: Mi cutis estaba en unas condiciones óptimas que no podría alcanzar ni con las más preciadas cremas de la eterna juventud. Eso era cierto.

    También que, aun teniendo poco espacio, mi vida era muy sencilla y todo estaba donde debía estar: La leche, con los zumos; las mandarinas, con las manzanas; los cubitos de hielo, con los congelados.

    Pero no te tenía a ti, mi amor; no me tenías a mí.

    Mi amor, apareciste tú en mi mundo al abrir la puerta del frigorífico donde yo vivía.