Etiqueta: retazos

  • retazo10

    Estando sobre un alambre que conecta su presente y su futuro, trastabilla pensando en lo que tendrá que hacer y no en lo que tiene que hacer en este ahora que le recuerda sus obligaciones. Siente temor. Ha elegido salir huyendo de este presente hacia un futuro que, como poco, no tendrá este presente en su seno; habrá otros presentes, pero no éste.

    Cuenta los días. Teme las represalias. Se sienta a observar las rutinas que ha tenido que hacer en la condena, intentando contar los días que le quedan para mandarlo todo a un pasado tan alejado que ni siquiera sea un pasado de su vida. Mueve los documentos, mueve a las personas, mueve sus ojos mirando hacia donde está la figura que ha mantenido su condena durante más tiempo del que le hubiera gustado vivir, temiendo las represalias que le pueda hacer pagar por su deseo de libertad.

    Al recibir un abrazo, sonríe. Cuenta los días y los tacha, sin derecho a réplica, de un calendario que, expuesto ante todos, oculta más deseos de los que cualquiera se pueda ofrecer a sentir.

  • retazo9

    Dos olas enfrentadas por dar cobijo a una lancha perdida en mitad de un océano, dos olas que otro puerto buscan cuando ya no mantienen el crepitar de su nacimiento. La lancha remolonea, recuerda las olas que la lanzaron de un lado a otro de la vida, remolonea sin dar un paso hacia ellas, sin dar un paso alejándose de ellas, dejándose mecer por los vaivenes de dos olas que la codician como el tesoro que naufragó hace años. ¿Chocarán las dos olas? ¿Chocará la lancha contra sí misma? ¿Otra vez?

    La lancha observa una fotografía desgastada y recortada, en la que, si bien más joven, se encuentra con las grietas de aquella ola que quiso volar, recuerda aquella ola. Ahora, esas grietas casi han desaparecido de su cuerpo, pero no de esa foto, pero no de esa foto que hizo de ella su memoria. Comprende que cualquiera de esas dos olas no le reportará sino renacer las grietas una vez calafateadas con sangre. ¿Huirá? ¿Se salvará? ¿Esta vez?

    Y, tímida, sonríe.

  • retazo8

    Las melodías engastan los versos nacidos al condensar mi vida en palabras, nacidas de la nada sin intención. Sin entender las notas que canto, sin saber cuál es su nombre, su escala, la armonía que, en otra manos, las podría convertir en una composición preciosa. Salen las melodías desde dentro de mí, sin decisión alguna sobre ellas, nacen solas y encuentran en mí un altavoz que las difunde.

    Las palabras se acomodan en ellas creando rimas extrañas, versos que no tienen sentido alguno, hasta que, sin previo aviso, surge un verso que se convertirá en la piedra sobre la que edificaré el resto de ellos. Así ha sido siempre: primero, la melodía; después, el verso generador. En cuanto aparecen esos dos elementos de la base, puedo empezar a generar el resto del espacio donde vivirá la canción.

    Han nacido, nacen y nacerán las melodías en mí sin que yo las busque, como una emisora interior que pone música a mi vida; han nacido, nacen y nacerán hasta que, como ya sucedió en el pasado, yo esté muerto.

  • retazo7

    La sonrisa en la boca, no por no haber sentido nunca la tristeza, sino por una tendencia natural de mis labios. La sonrisa en la mano, en el pie izquierdo que sonríe dentro de un zapato del 46 aunque haya tenido que andar sobre unas cuantas decepciones.

    Me toco las comisuras de mis labios dando gracias por esa ligera sonrisa pánfila que se marca, que me evita convertirme en un contenedor de vinagre como tantas veces he estado a punto de pasar a ser. No sé la razón por la que aparece en mí, por qué aparece aun con todos los desastres que surgen en el mundo, con todas las veces que mis acciones no contentan a los de mi entorno o a mí mismo. Y ahí está.

    Seguramente sea un salvoconducto para cuando mi soberbia me intente atrapar en sus proyectos infalibles; esa pequeña sonrisa esbozada destruirá los intentos por ser un tipo serio, sensato, bueno, como tiene que ser.

    Quizá sea una lancha salvavidas para cuando mi fatalismo llene de espectros abisales el océano de mi vida, esa sonrisa incipiente volará sobre las aguas turbulentas para llevarme a un refugio de tranquilidad.

    Una pequeña sonrisa sonriente al lado de un pequeño hoyuelo sonriente.