C2-1

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Tres serranitas a cada día

me repetían

que no fuese un bufón.

Mi prima, mi hermana y mi amada

no contemplaban

Que le cantase al amor.

“Ay, ay, ay, déjate de cantautor

ay, ay, ay, qué cruz, por dios”.

Siempre que mi corazón le hablaba,

mi enamorada

me decía con pudor

Que no era decente en un hombre,

con un buen nombre,

mostrarle tal emoción.

“Ay, ay, ay, Cupido me traicionó

ay, ay, ay, qué hago yo”.

“Es mejor negocio tus ovejas”

decía la siesa

de mi hermanita menor.

La tercera me llamaba primo:

“Ay, doble primo,

que el dinero es la pasión”.

“Ay, ay, ay, poco sabes del amor

ay, ay, ay, qué ton-to-rrón”.

Les cambié mi cuerpo por un muerto,

con gran acierto:

Ninguna lo sospechó.

Lo manejaban como a un pelele,

atento siempre,

hasta que se descubrió.

“Ay, ay, ay, está en descomposición

ay, ay, ay, qué mal olor”.

Como a un pastor desesperado,

allí pringado,

ya lo llevan a enterrar.

Tres plañideras al mundo lloran.

A buenas horas.

Que os dé tormento dios.

Ay, ay, ay, que os dé tormento dios.

Ay, ay, ay, me voy, adiós.