Autor: ref5504

  • retazo22

    Preocupado este momento por los momentos que viviré en un futuro, toma la responsabilidad de salvarlos sacrificándose él. Es un buen propósito, tiene un buen corazón, lo reconozco, pero es muy cansado para mí.

    Intentando mi presente salvar a mis futuros, a mis posibles futuros, organizando planes infalibles que los protejan de la vida, de las letras que escriben la vida. Por supuesto, planes ex novo porque lo pasado ya no sirve, porque mi pasado, que hizo todo el esfuerzo por crear un plan infalible para los futuros de mi vida, no sabía tanto como mi presente. O eso cree él. Y así la rueda gira y gira, a cada momento, a cada presente.

    Angustiado mi presente por no poder salvar a los futuros de mi vida de todos los males que puede imaginar, sigue maquinando planes definitivos, tomándose a sí mismo por un profeta todolosabe que se sacrifica, y a mis momentos futuros por unos seres completamente incapaces de resolver sus problemas.

  • retazo21

    En la portada del libro aparecen serpientes y arañas formando unas letras que dan un título, serpientes y arañas entrelazadas en movimiento. ¿Y cuál el libro? Es el libro de todas las soluciones, ése que todos los humanos hemos querido tener al chocarnos con el libro de los problemas de la vida.

    Es un libro peculiar porque, habitualmente, sus capítulos surgen en nosotros antes que los capítulos de los problemas de la vida. ¡Qué extraño! Nos dan las soluciones antes que los problemas. ¡Aún más extraño! Cuando surgen los capítulos de los problemas de la vida, habitualmente, las soluciones que nos han dado no sirven.

    Pero, si lo tenemos antes que los problemas, ¿por qué pensamos que nos gustaría tenerlo? Pero, si tenemos las soluciones, ¿por qué no nos sirven? Porque es un libro peculiar, como sus dueños. El libro, escrito con serpientes y arañas, nos va presentando las soluciones fáciles y correctas para todos los problemas que podemos encontrar en la vida. Casi. Fácil, sencillo y para cualquier ser humano. Más o menos. Cuando leemos cada página pensando en los problemas de otra persona, nos resulta muy cómodo saber cómo ha de solucionarse en la vida de otra persona: La solución está en nuestro omnisciente libro. Pero cuando leemos cada página pensando en nuestros problemas, no lo entendemos porque es muy complicado, es muy confuso y, sobre todo, es muy aburrido.

    Espera, lector del párrafo previo. Si el mismo problema es muy fácil de solucionar en otra persona, pontificamos sobre ello siendo conscientes o inconscientes de que no pagaremos la factura de los hechos, ¿a qué se debe que sea distinto en tu caso? ¿O en el mío? ¡Si es la misma página, si es el mismo problema! A ver, el libro, escrito con serpientes y arañas, trata de los problemas y miedos que afrontamos ante serpientes y arañas en nuestro día a día. Y aquí nace el conflicto. Para unos las arañas son seres maravillosos, fascinantes y dignos de todo elogio; sin embargo, las serpientes son seres malvados, ponzoñosos y dignos de todo castigo. Por supuesto, para los otros es justamente lo contrario.

    Así que cuando me toca a mí la misma página que en otro ha sido muy fácil de leer, no es tan sencillo. Escribo lo que tantas veces he dicho y pensado con toda sinceridad:

    –Bueno, bueno, bueno, es que en su caso se trata de un problema sobre serpientes y con las serpientes es muy fácil la solución porque son, cómo era, seres maravillosos, fascinantes y dignos de todo elogio; sin embargo, en mi problema, hay arañas y, ya se sabe, son seres malvados, ponzoñosos, dignos de todo castigo, y estas cosas que me digo para tranquilizarme, relativizar todo y dar paso a la semilla de la envidia. Chico, que en mi libro sale la solución magistral para tu problema nimio, pero que no la hay para el problema que habita desde eones en mí y, pausa dramática, conmocionará al universo. (Giro de cabeza hacia arriba para observar estoico cómo se teje mi destino en las estrellas).

    Portando nuestro libro de arañas y serpientes vivimos, sabemos y sufrimos, repartiendo con nuestro libro veneno tanto en los demás como en nosotros mismos.

  • retazo20

    Convertido en un animal, dejando que ese espíritu mueva su cuerpo, observa paso a paso el mundo de los humanos con los deseos escondidos bajo ropajes. Se detiene cuando están a punto de chocar sus sentidos contra lo que realmente está pasando delante de sus pies.

    Olfatea mentiras, ve mentiras, mentiras que esconden las caras y cuerpos de otros cuyos cuerpos son movidos por otros espíritus de animales. Inundando los sentidos para enmascarar las montañas de hielo que se esconden tras las sonrisas, tras los colores de las ropas que flotan, tras las fragancias de un hundimiento.

    Animales en humanos, rodeados por humanos intentando ser humanos arrancándose su condición de animales. Los deseos escondidos entre grandes estructuras de ideas, levantadas por humanos para esconder esos mismos deseos que les han hecho construir grandes estructuras de ideas donde esconderse de ellos mismos.

    Convertido en un animal, se rasca contra un árbol, bosteza. Una hormiga sube por su pierna. Siente lo que tiene que hacer, lo único que tiene que hacer en ese momento y, resuelto, lo hace: Se prepara un bocadillo de lo que sea que coma el animal del espíritu que le mueve.

  • retazo19

    Dos columnas rojizas sustentan una nebulosa azul grisácea de la que salen dos chorros de plasma blanco. De las esculturas que ha hecho y hace, ésta es él.

    Con hebras de protones enlazados en fractales, viste su escultura para protegerse de las incidencias del universo, para estar en armonía con las incidencias que hay en él.

    Su sonrisa irradia la energía de un pulsar que, sirviendo de faro, ilumina un futuro incierto donde se representan columnas rojizas, nebulosas y chorros de plasma en distintas escenas posibles, que se forman ante las galaxias espirales que son sus ojos.

    En cada respiración absorbe el brana del cosmos y, al soltarlo, las constelaciones se mecen sobre las olas en las que reposa el universo, sobre las olas en las que reposa él.

    Su sonrisa, un faro que guía a sus ojos, busca el destino que quiere encontrar en un futuro incierto de distintas escenas posibles, un destino que siempre está marcado por dos estrellas espirales verdes.